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martes, 3 de febrero de 2015

Blancanieves: el cuento ( Mobbing en el trabajo)

Fuente:http://acosopsicologico.blogspot.mx/2008/09/el-remobbing-contra-las-vctimas.html

En mi opinión este cuento, a pesar de su aparente sencillez, contiene sin embargo todas las grandes claves del mobbing. Por ello aparece tal cual lo transcribo aquí en mi último libro MOBBING, EL ESTADO DE LA CUESTION. TODO LO QUE SIEMPRE QUISO SABER Y NADIE LE EXPLICÓ SOBRE EL ACOSO PSICOLOGICO EN EL TRABAJO, ED Gestión 2000, tercera entrega recién publicada en Mayo de 2008, que quiere recapitular todo lo que hemos investigado acerca del mobbing en el momento actual. El cuento de Blancanieves y los siete enanitos narra lo siguiente:

Erase una vez en un país muy lejano que vivía una bella princesita llamada Blancanieves, que tenía una madrastra, la reina, muy vanidosa.
La madrastra preguntaba a su espejo mágico y éste respondía:
- Tú eres, oh reina, la más hermosa de todas las mujeres.
Y fueron pasando los años. Un día la reina preguntó como siempre a su espejo mágico:
- ¿Quién es la más bella?
Pero esta vez el espejo contestó:
- La más bella es Blancanieves.
Entonces la reina, llena de ira y de envidia, ordenó a un cazador:
- Llévate a Blancanieves al bosque, mátala y como prueba de haber realizado mi encargo, tráeme en este cofre su corazón.
Pero cuando llegaron al bosque el cazador sintió lástima de la inocente joven y dejó que huyera, sustituyendo su corazón por el de un jabalí.
Blancanieves, al verse sola, sintió miedo y lloró. Llorando y andando pasó la noche, hasta que, al amanecer llegó a un claro en el bosque y descubrió allí una preciosa casita.
Entró sin dudarlo. Los muebles eran pequeñísimos y, sobre la mesa, había siete platitos y siete cubiertos diminutos. Subió a la alcoba, que estaba ocupada por siete camitas. La pobre Blancanieves, agotada tras caminar toda la noche por el bosque, juntó todas las camitas y al momento se quedó dormida.
Por la tarde llegaron los dueños de la casa: siete enanitos que trabajaban en unas minas y se admiraron al descubrir a Blancanieves.
Entonces ella les contó su triste historia. Los enanitos suplicaron a la niña que se quedase con ellos y Blancanieves aceptó, se quedó a vivir con ellos y todos estaban felices.
Mientras tanto, en el palacio, la reina volvió a preguntar al espejo:
- ¿Quién es ahora la más bella?
- Sigue siendo Blancanieves, que ahora vive en el bosque en la casa de los enanitos...
Furiosa y vengativa como era, la cruel madrastra se disfrazó de inocente viejecita y partió hacia la casita del bosque.
Blancanieves estaba sola, pues los enanitos estaban trabajando en la mina. La malvada reina ofreció a la niña una manzana envenenada y cuando Blancanieves dio el primer bocado, cayó desmayada.
Al volver, ya de noche, los enanitos a la casa, encontraron a Blancanieves tendida en el suelo, pálida y quieta, creyeron que había muerto y le construyeron una urna de cristal para que todos los animalitos del bosque pudieran despedirse de ella.
En ese momento apareció un príncipe a lomos de un brioso corcel y nada más contemplar a Blancanieves quedó prendado de ella. Quiso despedirse besándola y de repente, Blancanieves volvió a la vida, pues el beso de amor que le había dado el príncipe rompió el hechizo de la malvada reina.
Blancanieves se casó con el príncipe y expulsaron a la cruel reina y desde entonces todos vivieron felices.
Fin.

Hasta aquí el cuento.

Blancanieves frente a su madrastra: el mobbing del narcisista contra su víctima

Resulta admirable verificar como el cuento es capaz de relatar los antecedentes habituales de todas las situaciones de acoso. El antecedente de todo mobbing es paradójicamente una relación entre acosador y víctima neutral o incluso positiva. La pretensión de presentar el mobbing como la derivación final de un conflicto no es ni por mucho la de la mayoría de los casos. El carácter incausado del acoso despista enormemente a las víctimas y sitúa al que acosa en una perspectiva que le proporciona una ventaja estratégica esencial que luego explota decisivamente en el proceso de destrucción que inicia.

Esa situación previa neutral o aparentemente de ausencia de conflicto, sin embargo contiene un potencial de riesgo que el cuento desvela.

El cuento ofrece las características previas, no de las víctimas (que es donde no se pueden encontrar nunca; y por ello son vanos los intentos de buscar una especie de perfil previo de las víctimas) sino de la acosadora. La madrastra según nos informa el cuento es efectivamente una persona vanidosa.

Alguien que se mira constantemente en un espejo para saberse hermosa. Alguien que se compara. Por tanto no necesita solo sentirse hermosa sino la única que lo es en su entorno. Esta resulta ser una descripción casi técnica de lo que los psicólogos denominamos una personalidad narcisista. Lo que mi colega la psicoanalista francesa Marie France Hirigoyen denomina un “perverso narcisista.”

La madrastra no es más que una falsa madre. Alguien que en apariencia aprecia, pero en realidad no quiere en absoluto a Blancanieves. Su narcisismo muy pronto la va a situar en una posición de rivalidad respecto a Blancanieves. La envidia y los celos, elementos centrales en todos los procesos de acoso psicológico, convertirán a Blancanieves en objetivo o target del acoso. Se convierte a la víctima inocente de toda causa para serlo, en una rival a batir o en un obstáculo a eliminar para poder mantener la ficción básica de la que vive todo narcisista que se precie: la ficción de su carácter único e inigualable. 

La persecución contra todas las Blancanieves de este mundo suele ser decretada desde el momento preciso en que estas restan, ( amenudo sin saberlo y menos aun pretenderlo) el protagonismo o el carácter único de las madrastras. Este proceso de indiferenciación de las víctimas respecto a sus agresores resulta esencial para entender el núcleo central de todos los procesos de acoso.

En la medida en que la víctima se acerca al status real o ficticio que el agresor pretende tener o mantener respecto a ella, esta comienza a ser percibida como amenazante.

En la vida real vivimos en una sociedad que técnicamente nos convierte a todos en potenciales narcisistas, esto es, en personas que reivindican y pretenden para si mismas en exclusiva un carácter único e inigualable como fuente de la satisfacción y del bienestar psicológico interno.

La falta de autoestima de la mayoría de niños, jóvenes y adultos es algo que va incluido en una programación social dominante que condena a todos desde pequeños a ingresar en el infierno de la comparación con los demás y al intento de que estos no nos igualen y aun menos nos superen. Una sociedad llena de personas tan individualistas como competitivas es el resultado de la rivalidad y de la exacerbación de la envidia propia del narcisismo compartido a escala universal.

A medida que el discípulo se acerca al maestro, la hijastra a la madrastra, el subordinado al jefe , la esposa al esposo, crece la indiferenciación y por lo tanto se incrementa la probabilidad de que se desencadene el proceso que va a convertir a los primeros en el blanco de la animadversión y del intento de eliminación de los segundos.

Obsérvese el modo genial con que el cuento de Blancanieves relata un proceso central en el desencadenamiento de todo mobbing contra alguien: el sufrimiento psíquico de un narcisista que procede de la sistemática comparación con todos cuantos otros individuos pululan a su alrededor.

La madrastra que se mira en su espejo mágico busca en los demás el espejo que requiere para que le devuelva una imagen inmejorable que pretende reflejar para cubrir y compensar exteriormente su baja autoestima.

Es así como se manifiestan ante el mundo entero como hipersensibles a toda crítica, a todo cuestionamiento por parte de quienes los rodean. Como todos los narcisistas busca la adulación, el peloteo, la coba fina... Pero cuanto más halagos reciben peor se sienten pues no llegan jamás a compensar la fuente de su malestar que no es sino los sentimientos profundos de inadecuación que les corroen por dentro.

Algo que las víctimas de mobbing perciben una y otra vez como un rasgo o característica central de sus acosadores es que estos se hallan continuamente pendientes del espejo social, de quedar bien, especialmente ante los superiores, de epatar a los demás, de obnubilarlos con sus palabras o la falsa seguridad que proyectan. Todo con tal que se les devuelva la ración cotidiana de droga que reclaman sus pobres yoes disminuidos.

La crisis típica que desencadena el proceso victimario se precipita tanto en el cuento como en la realidad de los casos de mobbing en el preciso momento en que la madrastra (el acosador) cae en la cuenta de que hay alguien cerca que le puede hacer sombra. Es decir alguien que ha crecido, ha hecho las cosas bien, ha sido felicitado, ha obtenido un buen resultado... Alguien cuya mera presencia (simplemente el estar ahi, ser quien es, ser como es) le garantiza un rosario sin fin de miseria emocional.

Blancanieves como víctima: no es lo que haces, es lo que eres

Es un hecho que despista enormemente a las víctimas constatar que no es lo que hacen o lo que han hecho en su trabajo (siempre mal por cierto) sino el hecho de “ser como son” lo que desencadena las iras del acosador. Un perfil habitualmente favorecedor en forma de éxito personal o profesional de la víctima suele llevar a esta a no comprender nada de lo que le ocurre. Creyendo y esperando el premio o las buenas consecuencias por lo que han conseguido alcanzar o lograr, a las víctimas se les proporciona a cambio uno de los más terribles castigos que se puede ofrecer a las víctimas (el mobbing).

Es precisamente lo que de positivo tiene la víctima lo que va a convertirla en amenazante. No en abstracto sino para toda aquella madrastra cuyo narcisismo le hace vivir ese factor positivo como amenazante por ser fuente de un malestar interno. La madrastra (el acosador narcisista) se adelanta al detectar y percibir muy rápidamente el carácter favorecedor que amenaza un Yo muy frágilmente construido sobre la ficción del espejo siempre quebradizo que es la opinión de los demás.

Esa amenaza para el acosador se materializa en un profundo y pervasivo sentimiento de envidia que siente respecto a su víctima. El origen de todo el proceso radica en la respuesta de la madrastra ante la mala noticia que le proporciona el espejo social: “ya no eres la más hermosa. Lo es Blancanieves ”.

Esto explica que con el tiempo en torno a los acosadores se repitan los casos con diferentes víctimas y en diferentes épocas (los que yo he denominado en mis libros cadáveres en el armario).


Blancanieves y la técnica preferida de los acosadores: arrancar el corazón

El arquetipo de toda envidia se encuentra en la etimología de la misma palabra . ENVIDIA, de “ in vidia”, del latín “In Videre”: no ver.

El hecho de que alrededor de las madrastras de nuestro mundo laboral existan siempre algunas blancanieves de turno, es una mala noticia para las primeras pues desencadena profundos sentimientos de envidia.

Para eliminar los sentimientos de malestar, será necesario eliminar a la persona que presenta las características favorecedoras, muy especialmente si coinciden con las que son una carencia flagrante y evidente en la madrastra. Ello se hará mediante la tecnología limpia y que no parece lo que en realidad es del mobbing. No debe parecer que quien acosa lo hace motivado por los celos, la rivalidad o la envidia.

Todo deberá hacerse con apariencia de algo moral y éticamente aceptable. Se requerirá una técnica específica que se mantenga oculta a los ojos incluso de quienes participan en ella activamente y en plena buena fe, pensando que hacen algo racional o correcto desde el punto de vista de la ética.

El cuento establece una diferenciación muy clara entre el rol del instigador (madrastra) y el rol de quien frecuentemente ejecuta las acciones de castigo ordenadas o sugeridas por este, es decir el que finalmente acosa o maltrata (el cazador= el que caza a la víctima).

Este a veces no es más que un mandado que ni siquiera advierte el proceso de manipulación y de contagio en el que ha caído y se encuentra inmerso.

La técnica básica de todo proceso de acoso que consiste en maltratar, hostigar, castigar, criticar, acusar viene muy bien reflejada en el resumen que hace el propio cuento: su objetivo es “Arrancarle el corazón a la víctima y ponerlo en un cofre” , es decir arrancarle su capacidad afectiva y emocional destruyéndola. Su capacidad de amar, disfrutar, pasarlo bien, es decir de su capacidad de felicidad. Eso es lo que principalmente molesta a los acosadores de sus víctimas. La exhibición ostentosa de una vida emocional sana, alegre y feliz de las víctimas recuerdan a los acosadores la propia y miserable vida emocional que arrastran.

La felicidad del otro es lo primero que busca arrancarle a su víctima quien acosa. Arrancarle el corazón a alguien es una inmejorable metáfora de lo que el proceso de acoso ocasiona en las víctimas. Llámese anhedonia, disminución de la autoestima, generación de inseguridad personal, embatamiento afectivo, disminución de la vida sexual y de pareja... Todos ellos son los efectos desgraciados del acoso psicologico en forma de destrucción psicológica y emocional.


Blancanieves y el psicoterror. De dónde viene la ayuda a las víctimas

Prosigue el cuento narrando los tres síntomas nucleares de ese daño en las víctimas cuando dice que : “Blancanieves, al verse sola, sintió miedo y lloró.” La tríada terrible de la soledad, el terror (psicoterror es otra de las denominaciones del mobbing) y la depresión o distimia (el llanto y la tristeza).

A continuación el cuento narra la expulsión y la salida de la víctima que va vagando sola y abandonada por el bosque. Paradójicamente nadie de la propia ciudad, el palacio o sus alrededores va a prestar ayuda a Blancanieves. Todo lo más, algunos como el cazador arrepentido simularán “que la matan” para no hacerlo en ultima instancia y burlar así a la madrastra.

Quienes ayudan a la víctima serán siempre, según el cuento, quienes se encuentran ya a su vez fuera del sistema, tan marginados o excluidos de este como la víctima, y tan apestados como ella a nivel social. Aquellos que se ven obligados a vivir en medio del bosque (con las fieras y las alimañas) debido al rechazo social que su “deformidad” y diferencia respecto los demás (enanos) suscita en los que son “normales”. Los enanitos del cuento representan en realidad la estigmatización, el rechazo y la exclusión que nos aguarda cuando seamos mayores, es decir una sociedad que está construida sobre los basamentos de la exclusión y la persecución de los desviantes. Los que ayudan a la víctima no son esos seres simpáticos y bonachones que nos hacen a todos gracia y que Disney ha sabido magistralmente camuflar presentadolos de forma políticamente correcta a los niños. Quienes son solidarios con Blancanieves van a ser los bufones, los que nos hacen reir, los objetos de nuestras burlas, de nuestros chistes, del público escarnio. Son aquellos seres deformes, que, apartados y abandonados por los demás, se han de dedicar a las profesiones que nadie quiere. Las profesiones que la sociedad asigna a los apestados y marginados sociales, representadas en el cuento por la minería, ( y no de joyas preciosas por cierto).

Dicho de otro modo, lo que el cuento nos traslada es la necesaria advertencia a las víctimas de que nadie espere en serio ayuda ante el mobbing desde dentro del propio sistema en que este se ha producido.

La huida (salida) de Blancanieves produce la única posibilidad de ayuda para la víctima. Una solidaridad que no puede proceder sino de otros chivos expiatorios como ella misma, que, al igual que ella, se encuentran en la periferia del sistema y de la estructura. Nadie que no sea otra víctima cono ella, será capaz de entender y comprender y por lo tanto acoger la verdad que Blancanieves representa: la verdad cruda e intolerable de la inocencia técnica de las víctimas.

El remobbing contra las víctimas

El cuento nos advierte del proceso continuado que garantiza el eterno retorno del proceso victimario contra Blancanieves u otras que representen el mismo potencial de amenenaza que ella en el entorno de los mismos acosadores. La madrastra vuelve una y otra vez a encontrar que las diferencias entre ella y las demás Blancanieves que existen en su entorno se van atenuando. Le lleva a ello su naricisimo.

La reina vuelve a preguntar al espejo:
“- ¿Quién es ahora la más bella?
- Sigue siendo Blancanieves, que ahora vive en el bosque en la casa de los enanitos...”

Por ello no se conforma tan solo con la salida de Blancanieves de su entorno. Es necesario eliminarla definitvamente de la circulación. De ahí que el remobbing o persecución ulterior, más allá de la propia salida de la víctima de la organización es un patrón constante en los casos de mobbing. No importa lo lejos que la víctima haya sido expulsada, esta sigue siendo allá donde se encuentre un potencial de amenaza para el hostigador. Es necesario acabar con ella como sea.

Lo que el cuento describe a continuación es la receta milagrosa que opera el daño más oculto e invisible en el mobbing. Algo que le llevó a Heinz Leymann, padre fundador y pionero de la investigación y divulgación del mobbing a escala mundial a afirmar que el el acoso psicológico constituye un verdadero asesinato silencioso que no deja huella aparente y que debido a ello permite la impunidad a quien lo perpetra. El cuento explica el proceso técnico y típico de camuflaje del acosador que se presenta frecuentemente bajo el disfraz psicológico de alguien que nunca es: una persona aparentemente bondadosa, apacible, moralmente intachable, incluso interesado en hacer el bien a su víctima. Alguien a quien el cuento representa como una venerable e indefensa anciana.

El proceso de acoso reviste entonces la apariencia de un bien: una apetitosa manzana. La manzana que, desde la Biblia, representa en nuestra cultura occidental la culpabilidad. Una vez que la víctima muerde el anzuelo de la culpabilidad, dice el cuento cae paralizada. La parálisis típica ante el acoso procede del modo terrible en el que el que acosa bajo apariencia de buen hacer le lleva a su víctima a internalizar o introyectar la culpabilidad. Algo que necesita y le viene muy bien pues una víctima paralizada por la culpabilidad (como muerta dice el cuento de Blancanieves) es alguien al que resulta más fácil victimizar con muy poco riesgo de retaliación para el que acosa. Por ello ese empeño casi obsesivo en todos los maltratadores y en todas las formas de maltrato de imputarles a sus víctimas el ser la causa de los propios males que sufren. La culpabilidad, haciéndolas merecedoras del castigo y del acoso las vuelve inocuas para los maltratadores.

El estrés postraumático entre las víctimas: la manzana atravesada en la garganta.

El proceso psíquico correlativo del acoso ejecutado bajo apariencia de un bien para la víctima provoca en esta la aparición de un cuadro de Estrés Postraumático.También este moderno y todavía mal conocido síndrome que aqueja a las víctimas del mobbing aparece descrito magistralmente por la sabiduría popular derivada del cuento de Blancanieves.

Técnicamente hablando la mejor forma de explicar a alguien sin formación técnica en Psicología lo que es un Síndrome de Estrés Postraumático es un cúmulo de recuerdos de experiencias traumáticas que la víctima no ha podido encajar y que, atravesadas en la mente (como el trozo de manzana) producen todo tipo de interferencias y deja a las víctimas como muertas (los enanitos creyeron que había muerto).

El cuento finaliza dando la clave de cómo solamente la recuperación terapéutica en la esfera psíquica a través de la autoestima, representada por el beso del príncipe, es capaz de liberar a la víctima de esa especie de sueño en que le ha inmerso en encantamiento del mobbing.

Todos este cuento magistral ilustra como pocas cosas de una forma completa y sencilla la mayor parte de los procesos y fenómenos extraños que aparecen en torno a los casos de mobbing.
Al final del cuento, me viene una reflexión en torno a los centenares de víctimas de mobbing que he atendido en los últimos años.

De todas ellas, puede decirse la misma verdad técnica que el cuento revela. Y esa verdad es que todos ellos fueron víctimas de un proceso que pretendía convertirlos a todos en culpables y merecedores del castigo que recibían. Sin embargo, tal y como Leymann supo reconocer desde el principio, tal versión es mítica. La verdad que revela Blancanieves es que ella es inocente y que son culpables y responsables todos cuantos pretenden acallar la verdad incómoda y políticamente incorrecta que significa su belleza, honradez o intachabilidad. Tal es el valor moral del cuento que hemos analizado, frente al mito que a diario representan nuestras instituciones, tan bien pensantes de si mismas, como victimizadoras de sus chivos expiatorios.


viernes, 23 de enero de 2015

Mucha gente se relaciona y vive con psicópatas sin saberlo...

«Mucha gente se relaciona y vive con psicópatas sin saberlo, son los manipuladores más eficaces»

El psicólogo Iñaki Piñuel asegura que la violencia moral puede llegar a ser tan destructiva como la física pese a que no deja marcas y es más difícil de detectar

Z INMA ALJARO. MÁLAGA

Palabras que apuñalan, humillaciones que hieren sin dejar marca y un dolor que tarda más en cicatrizar que el desgarro más profundo. Así es la violencia psicológica a la que tienen que enfrentarse millones de personas a diario y lo peor es que muchas todavía no se han dado cuenta. Para abrirle los ojos, Iñaki Piñuel, psicólogo clínico y del trabajo y uno de los mayores expertos en acoso psicológico de España, participó ayer en el ciclo de conferencias organizadas por el Área de la Mujer del Ayuntamiento de Málaga con motivo del próximo 25 de noviembre, día mundial contra la violencia doméstica.

-¿Por qué es tan difícil detectar esos comportamientos?
-La violencia psicológica se instala poco a poco en las relaciones. Es lo que denominamos la técnica del `gota a gota´, un maltrato de baja intensidad, pero muy continuo que consigue normalizar la situación de maltrato. No es una violencia agresiva, sino con pequeños cambios, como pueden ser críticas, pequeñas humillaciones, cuestionando la personalidad del otro... el acosador va marcando un patrón de dominio de sumisión, trabaja desde el principio de la relación para asegurarse de la paralización de su víctima, como esas especies de arañas que inoculan un veneno y luego se comen a su presa `a cachos´. Comienza amilanando a la víctima y con eso se asegura que no lo va a denunciar e incluso que va a entrar en ese juego perverso que es aceptar el maltrato y que reflejan cuando dicen: mi marido me pega, pero lo normal.

-¿Cómo se puede detectar esa situación a tiempo?
-La primera agresión debería ser la última. Si al principio no muestras quién eres, nunca podrás mostrarlo después, aunque quisieres, como dice la moraleja de un cuento del Conde Lucanor. El maltrato, si no se detiene desde el principio instala una sensación de impunidad en el agresor y, en la víctima, un proceso denominado indefensión aprendida. La mujer termina aprendiendo a no hacer nada ante la violencia, a no cuestionar el maltrato que recibe. Por eso, el objetivo del tratamiento psicológico siempre es protegerlas de su maltratador y romper esa indefensión para que no se repita en relaciones similares.

-¿Es más una cuestión de personalidad o de aprendizaje?
-Cuando hablamos de acosadores nos referimos a personas que han llegado a la vida adulta acostumbrados a una forma tóxica de relación con los demás y repiten una otra y vez el comportamiento violento con las que van siendo sucesivamente sus parejas. Existen varias tipologías: el maltratador narcisista, el paranoide y, el más peligroso, el psicópata. El primero presenta un déficit de autoestima que compensa mostrándose de forma arrogante, con ganas de quedar siempre por encima de los demás y muy concretamente de su pareja. Éstos suelen elegir como compañeras a quienes saben que son buenas personas, incapaces de pensar mal de los demás y mucho menos de su pareja y, por tanto, no van a enfrentarse a ellos. No son mujeres masoquistas que vayan buscando ese maltrato. Son los que acosan quienes las buscan a ellas. Los paranoides, por su parte, viven con la sensación permanente de que los demás intentan perjudicarles, humillarles y traicionarles, incluidas sus parejas.

-¿Y los psicópatas?
- Es el peor de todos los perfiles. Un 1% de la población española presenta este trastorno, lo que supone más de medio millón de psicópatas, es decir, que una persona con una vida social normal puede conocer en torno a sesenta psicópatas y es probable que termine intimando con alguno, como pareja, amigo, compañero de trabajo... No estamos hablando del psicópata que aparece en las películas. De hecho son seres encantadores en la mayoría de las ocasiones y mucha gente está emparejada con psicópatas y no lo sabe. Es un ser humano que hace una vida totalmente normal, pero que carece de sentimientos y emociones, sobre todo de empatía, es incapaz de sentir remordimiento o culpabilidad y por tanto es muy eficaz manipulando e incluso haciéndose pasar por víctima de su víctima.

-Y le hace sentirse culpable del maltrato.
-Tanto que a veces, cuando llegan a la consulta, nos intentan convencer de que su agresor tiene razón porque es mala esposa, mala amante, mala madre, descuidada. El psicópata sabe perfectamente inocular dosis de culpabilidad, que es la forma más eficaz de manipular a un ser humano. Por eso es importante en la prevención generar una sólida autoestima en las mujeres, desde que son niñas hasta que llegan a la edad adulta

-Ésa sea quizás la parte más difícil en la terapia.
-Lo primero que hay que decir a la mujer es que es inocente, que no ha hecho nada que pueda justificar esa situación. A veces parece que lo saben, pero en el fondo tienen un surco muy profundo labrado durante muchos años de humillaciones, descalificaciones, insultos, culpabilización. Se sienten torpes, inadecuadas e incluso malvadas.

-¿Pueden recuperarse?
- Pueden. El problema es que el daño psicológico es una herida invisible, es un tipo de estrés postraumático que se confunde con ansiedad y depresión. Hay pocas cosas que hagan sufrir tanto a una persona como este problema. La víctima se siente desmotivada, incapaz de experimentar placer, vive con una sensación de peligro inminente. Con ayuda terapéutica pueden recuperarse en un periodo de entre 2 y 4 años . Sin ayuda, puede estar así toda la vida.

-¿Y con los agresores? ¿Se pueden reeducar?
-Es más complicado.Los puedes tratar desde el momento en que se reconocen como tales, pero son personas que han sido víctimas de malos tratos o han presenciado violencia en su entorno. El antecedente de toda violencia siempre es violencia.

-El panorama no es nada alentador, teniendo en cuenta la sociedad en la que vivimos.
-¿Qué se puede esperar? El acoso escolar afecta al 23% de los chavales escolarizados, el laboral a entre un 9 y un 15% de los trabajadores, en España se habla de que hay dos millones de mujeres maltratadas... ¿De dónde nace esta violencia? De valores que hemos ido asimilando y uno de ellos es el narcisismo. Las relaciones humanas se viven en términos de rivalidad y de envidia. Sí, somos más sensibles y críticos a la violencia, pero en realidad la hemos reconvertido en algo más sutil y políticamente correcto. habilitación de los agresores.

Somos vengativos, entonces?
No es tanto por venganza, pero si ves unos modelos sociales, se imitan porque es lo que se percibe como correcto. Sin saberlo, la persona aprende a ser de una determinada forma. Entonces la pregunta sería: ¿dónde se rompe el ciclo? Porque supondría incluso reconocer que el modelo que siempre se ha tomado como correcto es equivocado.

¿Órdenes alejamiento para maltratadores psicológicos?
Sería imposible. Significaría que todos nos tendríamos que alejar de todos. La forma de contener la violencia es trabajando en los valores, pero actualmente todos los valores que se fomentan conducen a el narcisismo, a la comparación, a que las personas se odien porque no se sienten completos. Y esa forma de ser interesa mucho a la sociedad. Porque si no te gustas, vas a comprar lo que te dicen que te falta.

Fuente:http://www.psicokairos.es/Noticias/Mucha%20gente%20se%20relaciona%20y%20vive%20con%20psicopatas%20sin%20saberlo,%20son%20los%20manipuladores%20mas%20eficaces.html

jueves, 22 de enero de 2015

El cisne y el patito feo son la misma persona. La caída del narcisismo.

Por lo general, los pequeños que crecen en un entorno de comprensión, respeto y cordura superan la transición de “bebés” a “niños” con un alto concepto de sí mismos.
Han incorporado todos los mensajes que papá y mamá tanto nos hemos esforzado por transmitirles como tejido básico del ideario de sí mismos: eres estupenda, tu vales mucho, eres tan inteligente, qué bien dibujas, me encanta tu sonrisa y muchos más adjetivos que sus enamorados padres hemos repetido y repetido con la intención de que les quede claro: ¡hijos, sois maravillosos!
Y aunque el entorno no siempre haya sido coherente con esta visión tan optimista (es posible que algún niño ya se haya encargado de insultarle o que la tutora no vea en él su mejor lado) , lo cierto es que hasta ahora el impacto de la aprobación social no era lo suficientemente importante como para que la imagen de sí mismos se viera explícitamente minada en ningún sentido.

Sin embargo, el tiempo pasa. Y nuestro pequeño narciso aterriza, un buen día, en el mundo real. En un mundo que no siempre le devuelve una imagen amable de si mismo y en el que siempre habrá personas, adultos o niños, que no le ven ni tan guapo, ni tan listo, ni tan adorable como le ven en casa sus familiares y amigos más cercanos. Niños a los cuales sus gracias no les hacen gracia. Niños que le señalan lo fea que es esa camiseta o lo ridículo de su corte de pelo. O su cara.
Obviamente, todos esos reflejos negativos conviven con las miradas amorosas de siempre, las que siempre están ahí.
Pero algo cambia.
De alguna manera nuestro hijo deja de ver sólo su propio reflejo en el estanque dorado para empezar a ver, también, la imagen de sí mismo que le devuelven los demás. Su reflejo en el espejo de los otros… a veces amable y otras, de tan fea, casi irreconocible.
La caída del narcisimo es un momento crucial en el desarrollo, en tanto que requiere de un manejo inteligente por parte de aquellos que queremos ayudar a crecer a nuestros hijos.

En primer lugar porque nosotros somos los primeros que tenemos que aceptar que en el mundo habrá gente que no valore a nuestro hijo –o a nuestra familia- como lo hacemos nosotros. Y transmitírselo al niño con naturalidad. De hecho, es hasta posible que algunas de esas críticas o miradas más duras “tengan algo de cierto”… o al menos puedan ser la otra cara de la moneda de una de sus muchas virtudes (ser un pesado y tener tesón son la misma cosa vista desde diferentes ángulos, por ejemplo).

Nuestra labor es ayudar a nuestros hijos a integrar todas las miradas y a desarrollar un criterio inteligente para reconstruir su propia imagen en función no sólo de lo que él pìensa y sabe de sí mismo, sino también de lo que proyecta y le devuelven los demás. Y aprender a distinguir los reflejos que merecen la pena de los que no: aceptar un comentario negativo puede ser una invitación a crecer y saber algo más de nosotros mismos… o puede ser un dardo envenado que contamine la confianza en nuestra valía.

Es posible que personas a las cuales nuestro hijo no importa nada (unos chavales que acaba de conocer en el parque, unas niñas más mayores que acaban de poner sus ojos en ella..), hagan un comentario determinado en un momento dado: “mira este panoli cómo le da a la pelota”.  Y puede que nuestro hijo lo escuche y se sienta dolido, se cuestione, se enrede en el sentimiento de haber sido agredido en lo más íntimo (porque en realidad, es a los ojos de papá y mamá a los que contradice directamente este comentario) y se sienta incapaz de metabolizar una situación que, sin duda, se repetirá en innumerables ocasiones a lo largo de su vida.

En realidad, las palabras son eso, palabras. Lo importante es la intención real con que esas palabras fueron dichas y por quién fueron dichas. ¿Esas personas conocen a nuestro hijo? ¿Saben algo de él, de sus aptitudes, sus intereses, sus sentimientos o sus dificultades? Si la respuesta a las anteriores preguntas es un “no”, lo que tendremos que enseñar a nuestro hijo es a no valorar las palabras dañinas de aquellos que tampoco nos valoran a nosotros.
Si a los dueños de esas palabras no les ha importado el impacto que las mismas han tenido en su corazón… ¿por qué habrían de importarle a él esas palabras?

Sin embargo, hay valoraciones negativas que pueden aportarle un sano conocimiento de sí mismo; no hay razón para rechazar sistemáticamente todas aquellas palabras que vayan en contra de la buena idea que tenemos de nosotros mismos. El ejercicio de la autocrítica no tiene por qué darnos miedo: ¿es posible que siempre quiera ser el protagonista? ¿será verdad que a veces es vanidosa? ¿se le da fatal encestar en la canasta?.
Las personas no somos perfectas y nuestros hijos no son una excepción. Pero el hecho de no ser perfectos no significa que no seamos dignos de ser amados y, por supuesto, respetados y aceptados, aún con nuestras limitaciones o fallos. Y nosotros ,a cambio de ese respeto y ese cariño, debemos esforzarnos en mejorar.

Todos necesitamos un otro que nos diga lo maravillosos que somos y, al tiempo, nos señale nuestros fallos. Todos necesitamos que alguien empuje a nuestro narciso al agua y nos recuerde que además de cisnes somos patitos feos.

En realidad, una autoestima en condiciones no es aquella que se compone solamente de buenas ideas sobre nosotros mismos: es aquella que integra nuestras capacidades y nuestras limitaciones de forma que las otras no impidan que brillen las unas.

Y ahora llegamos a la columna vertebral de la cuestión que, como casi siempre, se encuentra estrechamente vinculada al ejercicio de la paternidad y al estilo educativo que practicamos en nuestro hogar.

¿Somos padres y madres capaces de convivir con visiones diferentes a la nuestra? ¿aceptamos que nuestra pareja nos cuestione en algún sentido? ¿permitimos a nuestros hijos señalarnos nuestros fallos como padres? ¿somos conscientes de nuestros defectos y nuestras virtudes? Y por último, ¿sabemos escoger a nuestros críticos?

Fuente:http://atraviesaelespejo.blogspot.mx/2010/07/el-cisne-y-el-patito-feo-son-la-misma.html

miércoles, 21 de enero de 2015

La personalidad Tríope (maquiavelismo, narcisismo y psicopatía)

perverso narcisista


Hay personas que poseen una serie de rasgos de personalidad que son dignos de estudio, o por lo menos de una detenida observación, me refiero a los que entre sus rasgos psicológicos encontramos el maquiavelismo, el narcisismo y la psicopatía (también conocida como la triada oscura de la personalidad), tres rasgos que se harán notar en las relaciones interpersonales de estos sujetos tanto en sus relaciones sociales, laborales y de pareja. Son personalidades socialmente aversivas no patológicas.

La personalidad maquiavélica es un síndrome compuesto de varias dimensiones que coinciden con los rasgos de personalidad que Niccolo Maquiavelo decía que había que poseer para tener éxito. Podemos definir al sujeto maquiavélico como “el que valora a los otros impersonal y amoralmente en términos de la utilidad que pueda extraer de ellos para sus propios fines” (Christie y Geis, 1970 p.1). Estudios sugieren que las personas maquiavélicas se definen por comportamientos para asegurarse objetivos de compensación tales como el éxito personal en contra de las metas comunes, así como por tratar de ser un amigo deseable (Jones y Paulhus, 2009). Tienen escasas normas éticas, el éxito es su fin y para conseguirlo hará lo que sea necesario. Para el maquiavélico, el fin justifica los medios, independientemente del sufrimiento que ello pueda provocar. La psicología ha tomado el adjetivo “maquiavélico” para aplicarlo a aquellas personas cuya visión del mundo refleja esta actitud según la cual “todo vale”. Para Christie estos manipuladores con éxito se caracterizarían por una falta de afecto en las relaciones interpersonales, falta de preocupación por los demás, ausencia de psicopatología importante y bajo compromiso ideológico.


La característica esencial del narcisista es un patrón general de grandiosidad, exhibicionismo, necesidad de admiración y falta de empatía, son egoístas y tienen una auto-imagen muy positiva aunque poco realista. Las personas narcisistas suelen rodearse de otros individuos que consideran inferiores. En la vida adulta, el narcisista tiene una autoestima muy vulnerable ya que no tolera las críticas y se siente ultrajado ante los comentarios negativos sobre su persona. Poco proclives a la intimidad emocional, son muy competitivos, cínicos y desconfiados y no dudan en manipular a las personas que les rodean, glorificándose a sí mismos en detrimento de los demás. Suelen considerarse personas amables.

De todos los miembros de la tríada oscura, los narcisistas son los más ufanos de sí mismos, todo ello convenientemente aderezado de una dosis necesaria de autoengaño. Son muy egoístas y se atribuyen el mérito de los éxitos, sin asumir jamás la culpa de los fracasos. Se sienten merecedores de la gloria y no tienen problema alguno en usurpar alegremente el mérito del trabajo ajeno.

Una característica esencial de los psicópatas es que presentan un déficit afectivo, “el psicópata se sabe la letra, pero no la música” (Johns y Quay, 1962, p.217) sus marcas de identidad son el engaño y el temerario desprecio hacia los demás, aunque su rasgo más definitorio de la psicopatía sea la ausencia de empatía. Son personas locuaces, con encanto superficial, manipuladores, inteligentes, falsos, entre otras características.

Según Garrido: “El psicópata no ha perdido el contacto con la realidad. Sin embargo el mundo afectivo nunca ha llegado a integrarse en su razonamiento, lo que ha producido tres consecuencias muy graves. En primer lugar ha crecido sin desarrollar la capacidad de preocuparse de los demás. En segundo lugar, su falta extrema de empatía le hace el agente ideal de los actos más crueles y despiadados. En tercer lugar le falla el actuar prudente, con sentido”, este último aspecto a menudo será uno de los primeros indicios que encontremos en las actuaciones del psicópata, nos va a sorprender la falta de lógica de algunas de sus decisiones. “Así, el pensamiento de los psicópatas se rige por la máxima de satisfacer las necesidades personales, generalmente las de control y poder. Y en la consecución de estos fines, es muy habitual que diga y haga cosas que nos parezcan absurdas y gratuitas. Estas cosas pueden ser tanto actos criminales como abandonar un trabajo y pasar una semana intoxicado por el alcohol, o bien quitar el dinero a la única persona que le apoya, y despilfarrar una cuantiosa herencia en un año”.

La Tríope se caracteriza por bajos niveles de conciencia y al menos dos de sus componentes – el narcisismo y la psicopatía- se relacionan con altos índices de impulsividad y asunción de riesgos (Vazare y Funder, 2006). Estos tres tipos de personalidad suponen un perfil oscuro, interpersonalmente destructivo, con tendencias hacia la grandiosidad, la insensibilidad emocional, la manipulación y la dominación.

Para Goleman (2006), quienes carecen de la capacidad de establecer contacto con los demás caen típicamente dentro del ámbito del narcisismo, el maquiavelismo y la psicopatía. Estos tres tipos de personalidades “oscuras” comparten, en distinta medida, rasgos a veces muy ocultos y tan poco atractivos como el rencor, la hipocresía, el egocentrismo, la agresividad y la insensibilidad. Aunque por otra parte los psicópatas y los maquiavélicos suelen tener una alta autoestima y a menudo son encantadores y divertidos, y también pueden ser impulsivos y astutos. Los narcisistas son grandiosos y tienen alta autoestima, y también suelen estar intelectualmente dotados. De estos tres componentes de la tríada podemos deducir un rasgo común que es la falta o ausencia de empatía. El tríope tiene tres objetivos claros: su especial interés por la dominación, el control y el poder.

La tríope, en general ha sido estudiada en diversos contextos y dentro de la población general normal. Entre otros aspectos, se ha hallado que estos perfiles de personalidad no tienen definidos o concretados género, ni edad, ni clase social, ni cultura. Se trata de tres tipos de personalidades psico-emocionalmente “tóxicas” que no constituyen un diagnóstico psicopatológico, son perfiles de personalidad que parecen en personas de la población normal y general. La variedad “subclínica” de este tipo de personalidades “resulta mucho más habitual que la clínica y/o la jurídico-forense y vive entre nosotros, y podemos encontrarlos en las oficinas, las escuelas, los bares y en cualquier recodo de la vida cotidiana” (Goleman, 2006, p. 164)

Asistimos a una sociedad que cada vez glorifica más idealiza a los semidioses de la fama y la vanidad, donde se ensalzan las motivaciones egoicas, esto puede estar promoviendo, de forma inadvertida o involuntaria el florecimiento de este tipo de personalidades, hasta el punto de estar generando lo que algunos autores han denominado como “una sociedad psicopática” (Sánchez 1986).

Tras las investigaciones realizadas en el contexto de las relaciones amorosas o de pareja se ha constatado la nocividad y toxicidad psicológica, emocional y socialmente generadas a sus víctimas, el tipo principal de maltrato que suelen perpetrar estos tres tipos de personalidad es la violencia de carácter psicológico, rara vez emplean la violencia física para conseguir sus fines, aunque pueden utilizarla cuando su artimañas psico-emocionales no dan resultado (Hare, 1993; Pozuelo, 2010).

El maltrato psicológico es uno de los comportamientos agresivos más frecuente en las relaciones de noviazgo entre los jóvenes, los celos románticos, actos de críticas constantes, actos de aislamiento y dominación, agresión verbal, son conductas relevantes y pueden preceder a la violencia física. El maltrato económico es otra forma de controlar a la víctima. La relación entre la tríope y las relaciones íntimas de pareja, se a observado que los rasgos psicopáticos están asociados con dificultades de relación y ruptura, con infidelidad, con relaciones sexuales casuales y a corto plazo, con violencia doméstica y con actos de agresión sexual, “la ausencia de remordimiento, la ausencia de empatía y la insensibilidad son contraproducentes para el estatus, el enriquecimiento y el éxito de las relaciones íntimas” (Ullrich, Farrington y Coid, 2008, p. 1169).

Por otra parte el maquiavelismo y las relaciones íntimas, según estudios realizados, se asocia con promiscuidad, con actitudes sexuales hostiles y con diversas tácticas sexuales egoístas y engañosas, como puede ser la estafa, la divulgación de secretos sexuales íntimos, el fingir amor, la inducción a la intoxicación para obtener y asegurarse sexo y una aprobación del uso de la fuerza sexual (McHoskey, 2001; Jonason, Li, Wesbster y Schmitt, 2009).

La psicopatía está representada por un estilo impersonal hostil que incluye formas sutiles de humillación, represalias e interacciones extremas proyectadas para inspirar miedo en los demás, con el maquiavelismo se observa dominación. Es la psicopatía subclínica el componente más peligrosos y nocivo o tóxico de la TRÍOPE en las relaciones de pareja, “las relaciones íntimas de los psicópatas parecen ser un ambiente peligroso para sus parejas, lleno de desapego, desconfianza y abuso” (Williams et al., 2005 pp. 5-6)

Los individuos que puntúan alto en la triada oscura tienen más parejas sexuales y un estilo de emparejamiento menos restringido, pueden ser propensos a abandonar las relaciones intimas para iniciar relaciones con compañeros/as nuevos. El desagrado, la hipocresía (jugar a dos bandas) y la agresividad enlazan con los rasgos de los tres componentes de la tríope. Como les gusta la novedad, suelen adoptar la estrategia de la caza furtiva de pareja.

Los sujetos con altas puntuaciones en tríope tienden a utilizar las diversas manifestaciones de maltrato y/o abuso psicológico como principales tácticas de retener a sus parejas, al mismo tiempo emplean su característico encanto superficial, locuacidad, habilidades manipulativas y demás rasgos para intentar tener relaciones aún teniendo parejas estables y también con objetivo de cazar furtivamente las parejas de otras personas. La violencia psicológica es el recurso más frecuente empleado en las relaciones íntimas por las parejas maltratadotas.

Fuente:http://nuevoblogkaheba.wordpress.com/2014/03/11/la-personalidad-triope/

martes, 20 de enero de 2015

El modelo de la familia narcisista (intruducción)


El Modelo de la Familia Narcisista
Stephanie Donaldson-Pressman, Robert M. Pressman
Narciso y Eco. El Sistema Narcisista Original
El Modelo de la Familia Narcisista - Capítulo I
La Familia Narcisista - Diagnóstico y Tratamiento
Editorial: Jossey-Bass

Comenzaré a publicar una serie de notas referidas a SOBREVIVIENTES DE FAMILIAS NARCISISTAS, y los MODELOS Y MODOS DE FUNCIONAR DE ESTAS FAMILIAS NARCISISTAS, como para ir conociendo un poco más sobre esta problemática que es mucho mas asidua de lo que nos podamos imaginar, haciendo estragos en la gran cantidad de víctimas que producen.

Narciso y Eco
El Sistema Narcisista Original

El personaje mitológico de Narciso ha personificado el concepto del amor al ser destructivo. Hay, sin embargo, otro personaje en la leyenda, al cual generalmente olvidamos: Eco. Y es, de la relación entre estos dos personajes, que podemos derivar el nombre de “la familia narcisista” para nuestro modelo.

En la leyenda, Eco ha perdido toda la capacidad de formar sus propias palabras y sólo puede repetir lo que pronuncian los demás. Cuando se enamora de Narciso, lo sigue con la esperanza de que algún día el vaya a pronunciar palabras de amor que ella pueda entonces repetirle. Cuando él se dice a sí mismo “te amo” a su propio reflejo, Eco es capaz por fin de decírselo a él también. Pero, Narciso está tan obsesionado consigo mismo, que es incapaz de oírla.


La historia, por supuesto culmina con el fallecimiento de ambos personajes. Narciso muere de pena frente a su reflejo; su amor y su absorción por su reflejo en el agua hacen que termine falleciendo. Eco, incapaz de lograr captar el amor y la atención de Narciso, cae en lo que pareciera ser un estado de depresión vegetativa, faltándole la voluntad de comer y beber, por lo que también muere.

La historia de Narciso y Eco es la historia del amor propio y descarta la capacidad para ver, escuchar y reaccionar a las necesidades de los demás. Sin extendernos demasiado demuestra una alegoría impresionante de las relaciones interactivas de una familia narcisista.

Narciso represente al sistema parental, el cual, por cualquier razón (stress laboral, alcoholismo, abuso de drogas, enfermedad mental, discapacidad física, falta de capacidad simplemente para ser padres), se ocupa principalmente de satisfacer sus propias necesidades. Eco es el niño tratando de ganar la atención y la aprobación, convirtiéndose en un reflejo reactivo de las necesidades de sus padres, por lo tanto, sin desarrollar nunca su capacidad para encontrar su propia “voz” – es decir, para reconocer sus propios deseos y necesidades, y para desarrollar estrategias para satisfacerlos. Dentro del sistema de la familia narcisista, el locus para satisfacer necesidades emocionales está invertido: mientras que, en una familia saludable, los padres intentan proveer de todo para satisfacer las necesidades emocionales de los niños; en una familia narcisista, se convierte en la responsabilidad de los niños el satisfacer las necesidades emocionales de los padres.



El Modelo Parental Invertido

Cuando el niño crece, la identidad de los padres se involucra cada vez más con el desarrollo del pequeño. Simultáneamente, a medida que las necesidades del niño se vuelven más complejas y mejor articuladas, tal vez comience a infringir más visiblemente el sistema parental. Un niño irritante que reclama atención en un momento inoportuno puede, después de todo, ser colocado en su cuna a puerta cerrada. Un niño iracundo y lloroso de nueve años es algo totalmente diferente.

Es a medida que se imponen las necesidades psicológicas del niño en la vida de la familia, cuando verdaderamente se desarrolla la familia narcisista. El sistema parental es incapaz de adaptarse para cubrir las necesidades del niño, y el niño, para poder sobrevivir, debe ser quien se adapte. El proceso de inversión comienza: la responsabilidad de cubrir las necesidades gradualmente cambia de los padres al niño. Mientras que en la infancia los padres fueron los que cubrieron las necesidades del niño, ahora el niño es quien intenta más y más cubrir las necesidades del los padres, ya que de esta manera puede obtener atención, aceptación y aprobación.

En la infancia, el desarrollo normal del bebé es a menudo gratificante para los padres, por lo que a su vez gratifican al bebé. Por ejemplo, las sonrisas del bebé (¡con o sin gases!) representan habitualmente una fuente de placer para los padres y son recibidas con excitación, atención y cariño. El comer, gatear, moverse, hacer ruidos e intentar vocalizar son gratificantes y gratificados a cambio. Las necesidades de los padres y del niño están en sintonía; por tanto, no hay problema.

El desarrollo normal del pequeño, sin embargo, tal vez represente una amenaza para los padres. La exploración del niño requiere vigilancia y paciencia; sus gritos de “¡No!” y “¡Mío!” pueden ser exasperantes y desconcertantes. Las preguntas y llamadas de atención de un preescolar son invasivas y consumen tiempo. Más aún, las necesidades de los niños – especialmente las emocionales – se incrementan en la misma proporción que su docilidad disminuye. Conforme va desarrollándose un niño normal, la necesidad de complacerse a si y a sus amigos se incrementa mientras que la necesidad de complacer a sus padres disminuye.

Una familia sana no cambiaría el concepto básico de responsabilidad parental, por mucho que este hecho natural moleste; la tarea de los padres es satisfacer las necesidades del crío, no al revés. En una familia narcisista, por el contrario, al incrementarse la necesidad de diferenciación y satisfacción de necesidades emocionales del pequeño como consecuencia de un desarrollo normal, la creencia parental es que el pequeño está obstaculizándolos, volviéndose más egoísta y demás. Los padres, sintiéndose amenazados, se reafirman en su posición esperando que un niño más árido cubra mejor sus necesidades. En algún punto entre la infancia y la adolescencia, los padres pierden el enfoque (si es que alguna vez lo tuvieron) y dejan de ver al niño como un ser independiente, con sentimientos y necesidades que cubrir y validar.

En su lugar, el niño se vuelve una extensión de los padres. El crecimiento emocional normal es visto como egoísta o deficiente, y esto es lo que los padres reflejan al hijo. Para que el niño logre aprobación, necesita satisfacer la necesidad expresada o sugerida de los padres; la aprobación está condicionada por la satisfacción de las necesidades del sistema parental por el niño.

Fuente: http://apoyosicologico.blogspot.mx/2011/01/el-modelo-de-la-familia-narcisista.html

6 cosas que no te dice el psicópata narcisista

Fuente:http://www.psicologalicante.com/6-cosas-que-no-te-dice-el-psicopata/

Los psicópatas se introducen en nuestras vidas y en nuestra cabeza a través del lenguaje y la comunicación. Su objetivo es siempre la manipulación.
Y para ello van a utilizar formas de comunicarse muy concretas:
En un primer momento hacen uso de su gran verborrea aduladora, de la que son verdaderos maestros. Su grandiosa habilidad para detectar las carencias de otras personas y sacar información sobre ellas con sutileza es sello característico de este perfil. Este primer momento, como hemos comentado en otros post, está destinado a presentarse ante la víctima como el ideal que todos buscamos en una relación. La pega es que todo lo que han dicho sobre sí mismos, sobre sus sentimientos, anhelos o ilusiones sólo son una artimaña para penetrar en el rincón más profundo de la víctima, mostrarse empático hasta el extremo, identificarse con la víctima hasta hacerle creer que han nacido el uno para el otro y son la pieza que les falta para una vida plena.
psicopatas y lo que no dicen - silvia rodriguez - psicologa dependencia emocional alicante
Con semejante perspectiva ¿quién no se dejaría llevar? ¿quién no pensaría que ha encontrado a la persona que ha estado buscando toda la vida?   Pero si prestas atención a su comportamiento y conoces las consecuencias que esto tendrá sobre ti, podrás escuchar aquello que el psicópata no dice.
1. Las personas a las que dicen querer son para ellos meros instrumentos.
Por eso lo que escuchan las víctimas, son solo mentiras. Estas personas son incapaces de dar; sólo dan cuando saben que recibirán múltiplos de lo apostado. Además, para los psicópatas las personas no tienen valor real, su valía se centra exclusivamente en el crédito que pueden recibir de ellas.
2. Mentiras y más mentiras.
Mienten, como ya hemos dicho con anterioridad. La mentira es parte consustancial de este perfil, pero ¿cómo prefieren mentir?. Su preferencia se centra en tres tipos de mentiras: las pequeñas mentiras, la omisión de parte de la historia o las mentiras de tal magnitud que es imposible no creérselas. La verdad, para ellos, es lo que ellos dicen o lo que les interesa en cada momento, con la intención de evitar ponerse en evidencia o dejar al de enfrente fuera de juego.
3. Evitan el diálogo o lo tergiversan
No les gustan los diálogos y por ello los rechazan, no contestan a las demandas que se les brindan o sus intervenciones son vagas, con el uso de sobreentendidos y respuestas sesgadas, provocando de ese modo que sea el otro el que interprete los silencios o la falta de información.
Ante la carencia de respuestas, lo habitual es que el clima se crispe y que la tensión aumente en la víctima-oyente a medida que avanza la discusión y la actitud de psicópata sigue en la misma linea o se acentúa. El psicópata hace ver que el tema no va con él y no tomará ningún interés por la conversación, tan sólo por salir victorioso del encuentro.
Los intentos desesperados de la víctima por obtener una respuesta sólo le llevarán a dudar de su propio comportamiento, y de si éste ha podido ser tan dañino para el otro como muestra en la firme falta de respuesta.
4. Siembra la duda en su víctima para debilitarla
Pero lo peor de todo no son los ademanes o desprecios que emite el psicópata de forma no verbal. Lo más graves es que, con su actitud, siembra la duda en el otro. Una vez finalizado el diálogo es cuando la víctima, ante tal frialdad, comienza un diálogo interior en el que tratará de construir una explicación lógica a la experiencia vivida. De ese modo terminará dudando y atribuyéndose parte de culpa o llegando, incluso, a poder pedir disculpas por algún motivo que desconoce pero que haya podido incomodarle. Este hecho generalmente no se hace cara a cara, puesto que ha aprendido que la comunicación directa no es posible y es nociva. En esos casos, es posible que la víctima se disculpe por escrito, desde la distancia y deje constancia de su asunción de responsabilidad.
5. Habilidad para manejar los tiempos y  la carga emocional.
Saben qué decir en cada momento, son muy hábiles en el discurso, pero lo que más llama la atención es su arte para utilizar los tiempos junto con la carga emocional. Si las malas noticias nos las dan en un momento en el que estamos sintiendo una emoción positiva intensa, de forma natural tendemos a restarle importancia, para evitar un cambio en la emoción del momento, y esto lo saben manejar a la perfección. Ya está la trampa puesta, esta estrategia la utilizan con la intención de que la víctima firme un contrato sin leerlo. Como la información negativa ya la han dicho, no asumirán responsabilidad de lo que después venga. Por el contrario, les servirá como pretexto para defenderse: yo te avisé o te lo dije y tú asumiste… ahora lo tienes que cumplir. Esto crea la reacción de los no psicópatas de ser congruente con sus palabras.
6. Maestros de la comunicación no verbal
Son muy hábiles en el lenguaje no verbal. De hecho cuando se enojan no elevan el tono de voz, simplemente provocan al otro con una simple mirada, una mirada aterradora que paraliza al de enfrente por todo lo que transmite: odio, humillación y amenaza. Hablamos de una mirada característica que sólo el que la ha sufrido sabe de lo que hablamos.
Con esta mirada ya tiene a la víctima en el lugar idóneo, el miedo.
Es una característica definitoria del miedo: paraliza. En el caso de la relación con el perfil psicópata, no sólo es importante lo que dicen sino lo que no dicen y cómo lo hacen.