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miércoles, 21 de enero de 2015

El modelo de la familia narcisista (IV)

Aceptación: La Clave de la Recuperación

Stephanie Donaldson-Pressman, Robert M. Pressman
Terapia con adultos que se criaron en familias narcisistas - capítulo 2
La Familia Narcisista - Diagnóstico y Tratamiento
Editorial: Jossey-Bass

Hay un número de conceptos que deben ser dominados por personas criadas en familias narcisistas durante el transcurso de la recuperación. Dentro de este modelo, como verá, ninguno es tan importante como la aceptación.

La aceptación no significa resignación, o que las cosas están bien como están, o que uno debe necesariamente dejar las cosas a un “poder superior”(1). Bajo este modelo, significa reconocimiento y aceptación de la realidad: de cómo fueron las cosas en realidad con nuestra familia de origen y de qué
efectos tuvo esa experiencia en nuestro desarrollo. Significa que de niños no eramos responsables de lo que nos pasaba, y que de adultos ahora somos responsables de nuestra propia recuperación.

Como anotamos anteriormente, a pesar de haber sido moldeados por la experiencia con nuestra familia
de origen, ya no tenemos que ser definidos por ella. La mayoría de los pacientes están muy preocupados por tener que “culpar” a sus padres por el déficit parental que mostraron. Temen reconocer que están enojados con ellos, y también porque culparlos parece demasiado fácil – como una forma de manejar la situación que eventualmente regresará para atormentarlos, y los dejará sintiéndose
más defectuosos que ahora.

De manera contraria, sin embargo, estos individuos están más que dispuestos a culparse a si mismos por cada cosa – por relaciones fallidas, por su falta de éxito laboral, por su indecisión, por la falta de coordinación de sus hijos, por que el pastel no salió bien, etcétera. El concepto que la culpa, en cualquiera de sus formas, tal vez sea irrelevante es regularmente difícil de comprender por los sobrevivientes. (“Si me desligo de esta culpa, quiere decir que no tengo que depositarla en alguien más?” preguntó una vez un paciente)

Oro Fundido

Ejemplificarles a los pacientes que la culpa no tiene que estar involucrada en el proceso de aceptación es a menudo muy útil. Un ejemplo que usamos frecuentemente es aquel del oro fundido: puede ser vertido para moldear un brazalete o para moldear un orinal de cama. El oro no tiene que tomar la decisión; no es la “culpa” del oro si fue moldeado para ser un orinal en vez de un brazalete.

Es del mismo modo con los niños en una familia narcisista. Independientemente del intento, correcto o incorrecto, los niños fueron moldeados de cierta manera. Para poder entenderse y amarse, es importante poder ver la realidad de cómo fue uno moldeado. Durante la infancia, uno es oro fundido. El potencial para la belleza y el bien está ahí; tal vez sea reforzado mientras uno se desarrolla o tal vez disminuido.

En la realidad el orinal de cama puede ser fundido de nuevo, y ese mismo oro fundido puede reformarse en un brazalete creando una bella obra de arte.

De manera similar con la terapia: el adulto que ahora tiene el control que no tuvo durante la infancia, puede escoger ver la realidad del pasado, librarse de la auto-culpa, y tomar responsabilidad por reformar el presente. La aceptación no asigna culpa o requiere perdón – simplemente reconoce la realidad y deposita el potencial y la responsabilidad de un cambio sano en el sobreviviente.

El modelo de la familia narcisista (III)

Las Reglas para el Funcionamiento de una Familia Narcisista.

Existen ciertas maneras predecibles mediante las cuales los miembros de una familia narcisista se relacionan unos con otros. Estas representan el criterio no articulado por el cual se espera que la familia funcione. El propósito de las reglas es aislar a los padres de las necesidades emocionales de sus hijos, proteger y mantener intacto al sistema parental. Por ello, todas estas “reglas para el funcionamiento” no articuladas desmotivan a los niños a comunicar sus sentimientos abiertamente a la vez que limitan su acceso a los padres, mientras que los padres tienen acceso ilimitado sobre los niños.

Comunicación Indirecta

En la familia narcisista, la comunicación directa y clara de los sentimientos es desalentada. Las personas expresan sus sentimientos de manera indirecta. Las peticiones rara vez son directas; en lugar de “Sam, ¿podrías poner la mesa?” uno escucha “¡Sería lindo que alguien pusiera la mesa!”. Cuando los padres están disgustados o enojados, usualmente son incapaces de expresar esos sentimientos a su tiempo y de manera adecuada.

Comunicación Triangular

Otra técnica ineficiente de comunicación usada en las familias narcisistas es la comunicación triangular. Los padres se comunican a través de un tercero, normalmente un niño.
Sin embargo, los padres “confían” normalmente en los niños, con la expectativa implícita, que el niño lleve el mensaje al otro. Los padres también suelen utilizar al niño como intermediario para no tener que
comunicarse directamente, planeando su vida alrededor del niño (o niños) y evitando así estar a solas entre si; en otras palabras, usan al niño en defensa a la intimidad. En un escenario a tres, uno de los padres emplea la comunicación triangular para formar una alianza con el menor en contra de otra persona, aplicando el concepto de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Esto confunde y daña al niño cuando el “enemigo” es el otro pariente del niño o un hermano o hermana.

De nuevo tratamos con familias encubiertamente narcisistas. Aparentemente, las necesidades de los niños están siendo atendidas, y tal vez pasen hasta mucho tiempo con uno o ambos padres. El problema, desde luego, es que la preocupación de los padres por satisfacer sus propias necesidades es la que dicta las normas en las relaciones familiares. Los niños no pueden predecir cuándo o por qué
llega una racha feliz ni cuando se va a acabar o ser denegada.

Sienten como que han “logrado hacerlo correctamente” cuando la intimidad está siendo motivada, y que “lo han echado a perder” cuando está siendo desalentada. En realidad ellos no son responsables por su inclusión o exclusión de la intimidad parental; el verdadero motivo se halla en las necesidades de los padres, y no en el comportamiento de los hijos.

Falta de Disponibilidad Parental.

La falta de disponibilidad parental se refiere a la disponibilidad emocional – la habilidad de tener conversaciones acerca de sentimientos. Muchos sobrevivientes dirán no haber tenido nunca conversaciones profundas con sus padres. Que los padres “hacían cosas” por ellos (como transportarlos, darles cosas o comprárselas), pero si realmente querían o necesitaban hablar de sus sentimientos, la conversación rápidamente se convertiría en una sesión de consejos (haz esto, haz lo otro), una pelea (tú debiste haber hecho esto o lo otro), o negación (tú no te sientes deprimido, estás hambriento y cansado; las cosas estarán mejor mañana). Los padres estaban siempre “demasiado ocupados” para hablar. Y, por supuesto, los niños podían constatar como los padres estaban ocupados, haciendo cosas por los niños, o la familia o el trabajo. Por lo que si los niños se sentían resentidos, era porque eran egoístas, estaban equivocados o de mal humor.

Límites confusos.

En la familia narcisista, los niños carecen de derechos. Sus sentimientos no les pertenecen; sus sentimientos no son tomados en consideración. Si no tenemos sentimientos, entonces los demás no
tienen por qué tomarlos en consideración.Problemas como el derecho a la privacidad tienen un color distinto en la familia narcisista. Por ejemplo, en una familia sana, se respeta y alienta la privacidad: los padres no entran en los dormitorios o baños sin tocar a la puerta primero, no escuchan las conversaciones telefónicas de los demás, tampoco leen el correo ajeno, y no dejan que los niños invadan su privacidad tampoco. Hay límites claros, reglas claras que gobiernan lo que los miembros de la familia pueden esperar el uno del otro.

En una familia abiertamente narcisista, puede que no haya ninguna regla que gobierne el problema de limitación, como el caso de la privacidad. La privacidad tal vez sea un concepto totalmente ajeno.
Las posesiones de las personas, su tiempo e inclusive sus propios cuerpos pueden ser propiedad de los padres, del cuidador, o de hermanos más poderosos o más fuertes.

En las familias encubiertamente narcisistas, pueden existir reglas claras para gobernar los límites, incluyendo la privacidad física. El problema, sin embargo, es doble. Primero, los padres pueden infringir las reglas si su necesidad lo dicta, y segundo, no hay límites en términos de expectativas emocionales para los hijos. Siempre se espera que los niños cubran las necesidades de los padres, pero las necesidades de los niños se suelen cubrir por pura coincidencia afortunada.

Los adultos criados en familias narcisistas a menudo no saben que pueden decir no – que tienen el derecho a limitar lo que quieren hacer para los demás, y que no tienen que estar física y emocionalmente disponibles para cualquiera en cualquier momento. En sus familias de origen, tal vez no hayan tenido el derecho a decir no, o a discriminar entre una petición razonable o descabellada. Los niños de de familias narcisistas no aprenden a establecer límites, porque no es del interés parental enseñarlos: ¡los niños podrían usar esas habilidades con ellos!

Carencia de Derecho.

La principal dificultad que implica el establecimiento de límites, los asuntos de intimidad y virtualmente cualquier problema de sobreviviente, tiene que ver con el derecho emocional. Para poder establecer límites con otra persona (ya sea diciendo no al sexo, rechazando llevar al adolescente a la tienda tarde en la noche para comprar un cuaderno porque se le “olvidó” pedirlo antes, o reclamando igualdad de paga en el trabajo), uno tiene que saber que tiene el derecho a sentir como lo hace: uno tiene derecho a
establecer límites, sentir el sentimiento o realizar la solicitud.

En las familias narcisistas, ya sean abiertas o encubiertas, los niños no tiene el derecho a poseer, expresar, o experimentar sentimientos que sean inaceptables para los padres. Los niños aprenden a hacer toda clase de cosas con sus sentimientos para que no les causen problemas con sus padres: los guardan, los subliman, los niegan, mienten sobre ellos, los simulan, y en última instancia olvidan cómo experimentarlos. Lo que ha sido extinguido durante la infancia – el derecho a sentir – es difícil de revivir en la vida adulta. Pero hasta que de adultos entiendan que tienen el derecho a sentir lo que sea que sientan, y que siempre tuvieron ese derecho, nunca serán capaces de dar un paso hacia adelante a la hora de establecer límites.
Y sin límites apropiados, todas las relaciones resultan distorsionadas y nefastas.

Lectura de Mente

Caroline, una joven que tratamos, fue una de estas personas bastante íntegras que mencionamos previamente en este capítulo; el producto de una familia narcisista, quien a pesar de ello logró que sus necesidades emocionales fuesen cubiertas por sus padres. A pesar de que las dos hermanas mayores de Caroline eran alcohólicas y disfuncionales, Caroline estaba felizmente casada, madre de dos niños en edad preescolar y cursando su estudios a media jornada para obtener el título de profesorado. Caroline acudía intermitentemente a terapia para tratar temas específicos; en otras palabras, a veces surgían circunstancias para las que la educación de Caroline no la había preparado, y asistía a dos o tres sesiones para “recomponer su cabeza”, como ella lo llamaba.

Una de esas sesiones tenía que ver con la lectura de la mente. La historia de Caroline. Caroline había sido criada en una familia narcisista donde una de las reglas inarticuladas era que el padre debía ser capaz de intuir los deseos de la madre sin que ella tuviese que mencionarlos. Si su padre acertaba, todo era miel sobre hojuelas. Sin embargo si el padre se equivocaba (lo cual sucedía la mayoría de las veces), ¡aquello se convertía en un infierno! Caroline recuerda a su padre preguntándole a su madre qué quería para Navidad, y su madre respondiendo dulcemente, “¿Por qué?, no seas tonto. ¡La Navidad es para los niños! No me regales nada”. Así que el padre no le regalaba nada, o sólo un detallito, y la madre actuaría herida y enojada durante días.

El mismo patrón ocurría en los cumpleaños y aniversarios. Su madre también se enojaría si se arreglaba y el padre no elogiaba su apariencia. Caroline recuerda haber preguntado a su madre por qué no le decía sencillamente a Papá que le dijera que se veía hermosa – que era importante para ella que él se lo dijera y notara su apariencia. Caroline nunca olvidó la respuesta de su madre: “Si tienes que pedirlo, pierde su valor”.
Caroline interiorizó ese mensaje muy pronto en su vida, y se volvió una parte integral de su visión del mundo. Si le tenía que decir a alguien lo que quería, entonces el regalo (unas palabras, regalos o presencia) dejaba de tener valor. Si alguien no podía leerle la mente acertadamente, entonces no había por qué expresar sus deseos y necesidades.

A la borda con los méritos de la comunicación asertiva. Esperar del esposo o de los hijos que sean capaces de leer la mente y satisfacer cada necesidad no expresada es una de las “reglas” más dañinas de familias narcisistas. Virtualmente está asegurando que nadie logrará cubrir sus necesidades: Yo no obtendré lo que quiero, y tú serás un fracasado por no dármelo. 

Es un escenario en el que todo el mundo tiene que perder. En las familias donde la lectura de mente es un requisito para las relaciones interpersonales, la palabra debería se usa mucho: “él debería haber sabido que necesitaba que estuviese en casa; él debería de haber notado que yo nunca visto de azul”.

Otra de las cosas irritantes acerca de la necesidad de leer la mente es que frecuentemente ocurre a pesar de expresar protestas reales que indiquen lo contrario. ¿Recuerdan a la madre de Caroline insistiendo que no quería regalos, cuando en realidad si los deseaba? Los mensajes son en extremo complejos: no sólo debes leer mi mente para descifrar el mensaje real, sino que al hacerlo, no hagas siempre caso de las preferencias que haya podido expresar. Depende de ti adivinar si debes leer mi mente o hacer caso de mis preferencias explícitamente verbalizadas.

La madre de Caroline usó esta técnica de comunicación ineficaz (descrita después por Caroline como “las delicias del martirio”) en un sinnúmero de circunstancias provocando algunas veces graves resultados. Al enterarse la madre que tenía que someterse a una histerectomía de urgencia, Caroline recuerda la petición enérgica de su madre a su padre que no cancelara sus planes para participar en
un torneo de golf al que había invitado a un compañero que vivía en las afueras de la ciudad. Caroline tiene recuerdos vívidos de los comentarios de su padre que no quería estar jugando al golf mientras
operaban a su esposa, así como de la continua insistencia de su madre de que la vida de los demás no tenía que ser alterada sólo porque estaba en el hospital. Su padre finalmente accedió a sus expresos deseos. Caroline (que en ese momento tenía dieciséis años) observó un deterioro notorio en la relación de sus padres a partir de este punto. Sostiene que su madre nunca perdonó a su padre por no haber cancelado el torneo, y que la atmósfera en casa se volvió “tensa y triste” a partir de entonces.


Fuente:
Stephanie Donaldson-Pressman, Robert M. Pressman
Narciso y Eco. El Sistema Narcisista Original
La Familia Narcisista - Diagnóstico y Tratamiento
Editorial: Jossey-Bass


martes, 20 de enero de 2015

El modelo de la familia narcisista (II)

El Ciclo

El ciclo de aprendizaje a no confiar funciona algo así para los niños de familias narcisistas:

Estoy dolido. No hay nadie ahí afuera que me cuida realmente. Cada vez que me permito tener sentimientos, salgo herido. No quiero sentir. No sentiré. No tengo sentimientos. Si no puedo sentir, no estoy. No estoy, pero puedo observar y adaptarme. Puedo perderme, y ser el que tenga que ser para sobrevivir. Entonces podré tener una relación. Tengo una relación, pero no puedo confiar en ella (tal vez me hiera), y no puedo confiar en mi (no estoy). Así que no puedo dejar que se acerque demasiado; tal vez descubra que no estoy. Para protegerme, entonces, a pesar de ansiarlo desesperadamente, no puedo tener una relación amistosa e íntima. Así que saboteo la relación. Pierdo mi relación. Esto es doloroso (y el ciclo se repite).

Ya que la intimidad masculina/femenina frecuentemente implica una relación sexual, el sexo se convierte a menudo en un problema.


La Separación

Una de las ironías de este paradigma es que la calidad que permite a los niños “separarse” de sus sentimientos y sobrevivir durante su niñez vacía es la misma calidad que hace su adultez tan dolorosa. Todos los humanos quieren y necesitan intimidad; la incapacidad de lograr una relación íntima es sentirse emocionalmente despojado.

Los adultos criados en familias narcisistas aprenden a separarse de sus sentimientos. La habilidad para desarrollar esta separación es un mecanismo de defensa que mantiene a muchos niños con vida. El enfrentarse con la realidad de la situación – el enfrentarse con los sentimientos de temor al abandono, a la soledad genuina sin nadie que los apoye – es invitar al suicidio infantil. Los niños pequeños se suicidan realmente; por consiguiente, esta separación tiene una función protectora muy real.

La forma más severa de despersonalización o separación se encuentra frecuentemente en sobrevivientes con abuso sexual y físico. Una consulta especializada en terapia de incesto y otras formas de asalto sexual infantil, tendrá un alto porcentaje de pacientes con el diagnóstico de desorden por estrés post-traumático (DEPT), desorden de la personalidad limítrofe, o desorden de personalidades múltiples (DPM). La reintegración del componente de los sentimientos (emoción, espíritu, alma) de la persona con su cuerpo físico es una labor difícil y a largo plazo.


El trauma sistemático por largos periodos en la niñez produce una amplia gama de mecanismos de defensa (que luego veremos en detalle) que no se observa en otros pacientes o no con la misma profundidad e intensidad; estas víctimas de familias traumáticas abiertamente narcisistas, tal vez tengan que asistir a terapia de forma intermitente durante la mayor parte de sus vidas.

Fuente:http://apoyosicologico.blogspot.mx/2011/01/el-modelo-de-la-familia-narcisista-ii.html

El modelo de la familia narcisista (I)

Elementos de un Sistema Narcisista

Una responsabilidad Tergiversada

En una situación de una familia saludable, los padres aceptan la responsabilidad de satisfacer ciertas necesidades de sus niños, hacen que sus propias necesidades estén satisfechas por su cuenta o entre la pareja, y/o con otros adultos que sean capaces de hacerlo. En tal familia, la expectativa intrínseca está en que los niños no son responsables de satisfacer las necesidades de sus padres. Al contrario, los niños son “responsables” de aprender gradualmente cómo satisfacer sus propias necesidades de una manera independiente. Se espera que los niños, con el apoyo de los padres se involucren en un proceso de aprendizaje que dura, más o menos, 18 años, en el cual aprenderá a ocuparse de sí mismo. Si el proceso funciona correctamente, el hijo va a aprender a través del modelo a cómo ser padres que se ocupan de las necesidades emocionales de sus hijos y que satisfacen sus propias necesidades emocionales.

En una familia narcisista la responsabilidad de satisfacer las necesidades emocionales se tergiversan, es decir, en lugar de residir en los padres, la necesidad se desplaza hacia el niño. El niño se convierte, de una manera inapropiada, en responsable de satisfacer las necesidades de los padres, y, al hacer esto, se le priva de la oportunidad de la experimentación necesaria y del crecimiento.

Reactivo / Reflectivo

Tal como Eco sólo podía reflejar las palabras de los otros, del mismo modo los niños criados en una familia narcisista se convierten en seres reactivos o reflectivos. Dado que aprenden desde muy temprano que su principal trabajo es el de satisfacer las necesidades de los padres, cualquiera que éstas sean, no desarrollan la confianza en sus propios sentimientos y juicios. De hecho, sus propios sentimientos son una fuente de incomodidad: es mejor no tener sentimientos en lo absoluto, que tener sentimientos que no pueden ser expresados ni validados.

Entonces, en lugar de actuar según sus propios sentimientos y de una manera proactiva, el hijo espera hasta ver lo que otros esperan de él o necesitan, y luego reacciona según sus expectativas. La reacción puede ser ya sea positiva o negativa –el niño puede elegir, ya sea satisfacer las necesidades expresadas o tácitas, o revelarse en contra de esas necesidades-, pero, sea cual fuese esa reacción, todo es reactivo.

Del mismo modo, el niño se convierte en el reflejo de las expectativas parentales. Esto sucede en todas las familias hasta un cierto punto; el concepto de espejo en la personalidad o el desarrollo del ego, es un principio que ya está establecido hace mucho tiempo por la psicología. Con frecuencia en la familia narcisista, sin embargo, el espejo puede reflejar la incapacidad del niño de satisfacer estas necesidades parentales. Este reflejo casi siempre es interpretado por el niño como una incapacidad y una falla de su parte.


Problemas con la intimidad

Para el niño de una familia narcisista las relaciones íntimas son un problema. Los niños de estas familias han aprendido a no confiar. Por lo tanto, durante el estado adulto, no importa cuánto quieran formar relaciones cercanas y amorosas, siempre tienen dificultad para bajar las barreras a la confianza que ya han erguido hace mucho tiempo.

La necesidad de una seguridad psicológica y física como un bloque constructor esencial para el desarrollo de la confianza, es una etapa elemental descrita por muchos sistemas psicológicos de desarrollo (incluido los de Ericsson y Maslow).

El sobreviviente del sistema de una familia narcisista tiene dos opciones, ya sea aprende a no confiar o una vez que confía se le enseña a que no confíe más, esto sería lo contrario a lo que sería no aprender a confiar nunca. Cuando son bebés o niños pequeños, muchos sobrevivientes fueron bien alimentados, los mantuvieron en un lugar cálido, se les mimó, se les trató bien. Un niño dependiente, necesitado (como somos todos), es una mínima amenaza para el sistema de los padres: las necesidades son simples y el sistema parental es capaz y además quiere satisfacerlo. Pero a medida que el niño crece y busca diferenciarse de los padres, las necesidades comienzan a ser más complejas. El sistema parental puede ser francamente incapaz de ocuparse de estas necesidades, o puede verse amenazado por éstas y sentirse más y más ofendido. A esta altura la responsabilidad de satisfacer las necesidades comienza a tornarse del padre hacia el hijo y la erosión de la confianza comienza.


Sistema de la familia narcisista

Por lo general, el sistema de la familia narcisista es difícil de comprender, tanto para el terapeuta, como para el sobreviviente. Muchos casos ilustran más que nada a familias abusivas y situaciones dramáticas, que obviamente corresponden al modelo y parecían relativamente fáciles de diagnosticar. Hay cierto número de ejemplos de estas familias narcisistas abiertas. Familia que tratan con problemas de droga, abuso de alcohol, incesto, y comportamientos agresivos de todo tipo en familias narcisistas. Pero nosotros, como terapeutas, los hemos nombrado por lo que son (familia incestuosa, con problemas de alcohol, etc.).

Existen una cantidad igual de estudios de casos presentados aquí (iré publicando luego distintos casos), que tratan con casos de familias narcisistas encubiertas, en las cuales las disfunciones son mucho más sutiles. Todos los terapeutas han tenido casos con pacientes que de verdad están traumatizados y que tienen muchísimos de los rasgos que identificamos en casos de adultos hijos de familias alcohólicas. Pero, sin embargo, no podemos entender dónde ni porqué se originaron los problemas. Esto no fue un abuso abierto u obvio; nadie bebía, nadie consumía drogas. La familia, en realidad, funcionaba bastante bien. Se alimentaban los niños, tenían ropa, fiestas de cumpleaños, se los llevaba de vacaciones y se graduaron de buenas escuelas. La familia parecía normal, igual cuando se la miraba de cerca.

El problema fue que se esperaba que los niños satisfacieran las necesidades de los padres. Era muy sutil y parecía saludable, pero no era en absoluto saludable emocionalmente para el niño. Los niños de esta familia son adultos que llegan a hacer terapia habiendo leído todos los libros, hablado muchas veces con sus hermanos y amigos, y todos ellos le han reforzado la idea de que no había nada malo en su familia. Estas personas llegan completamente convencidas de que tiene que haber alguna falla en su propia personalidad. ¡Esto debía ser así, porque no había nada malo en la manera en que fueron criados!

El modelo de tratamiento para la familia narcisista está enfocado para las necesidades de esta población, así como para los sobrevivientes de familias abusivas mucho más obvias. Esperamos que esta modalidad sea capaz de llenar el vacío que se tienen al tratar con un montón de pacientes/clientes que nunca entran dentro de alguna categoría, para quienes no ha habido un marco de trabajo alrededor del cual organizar el tratamiento, ni técnicas para ayudar al terapeuta cuando entregan un tratamiento para casos como los de Beth, Becky y Ben en el mundo.

(en otra publicación pondré los diferentes casos)


Conclusión

La familia narcisista, por lo general, se asemeja a la proverbial manzana roja brillante con un gusano adentro; parece hermosa, hasta que uno da un mordisco y descubre al gusano. El resto de la manzana puede que esté bien, pero uno ya ha perdido el apetito.

En la familia narcisista, mucho de lo que sucede puede ser algo que está “todo bien”, pero la base emocional falta. Los niños no están satisfaciendo sus necesidades emocionales, porque sus padres no están focalizados en satisfacerlos. En lugar de dar a sus hijos un espejo de apoyo, comprometido y basado en la realidad, los padres narcisistas presentan un espejo que refleja sus propias necesidades, y esperan que los niños reaccionen a éstas. El foco está tergiversado, y los niños crecen sintiéndose defectuosos, equivocados o dignos de ser culpados.Cuando uno se cría incapaz de confiar en la estabilidad, la seguridad, la igualdad en el mundo propio, uno se cría desconfiando de sus propios sentimientos, percepciones y valor. Cuando uno se cría como un ser reactivo-reflectivo, como lo fue Eco, uno no ha aprendido las habilidades necesarias para llevar una vida satisfactoria.


El Modelo de la Familia Narcisista
Stephanie Donaldson-Pressman, Robert M. Pressman
Narciso y Eco. El Sistema Narcisista Original
El Modelo de la Familia Narcisista - Capítulo I
La Familia Narcisista - Diagnóstico y Tratamiento
Editorial: Jossey-Bass

Fuente:http://apoyosicologico.blogspot.mx/2011/01/el-modelo-de-la-familia-narcisista-el.html

El modelo de la familia narcisista (intruducción)


El Modelo de la Familia Narcisista
Stephanie Donaldson-Pressman, Robert M. Pressman
Narciso y Eco. El Sistema Narcisista Original
El Modelo de la Familia Narcisista - Capítulo I
La Familia Narcisista - Diagnóstico y Tratamiento
Editorial: Jossey-Bass

Comenzaré a publicar una serie de notas referidas a SOBREVIVIENTES DE FAMILIAS NARCISISTAS, y los MODELOS Y MODOS DE FUNCIONAR DE ESTAS FAMILIAS NARCISISTAS, como para ir conociendo un poco más sobre esta problemática que es mucho mas asidua de lo que nos podamos imaginar, haciendo estragos en la gran cantidad de víctimas que producen.

Narciso y Eco
El Sistema Narcisista Original

El personaje mitológico de Narciso ha personificado el concepto del amor al ser destructivo. Hay, sin embargo, otro personaje en la leyenda, al cual generalmente olvidamos: Eco. Y es, de la relación entre estos dos personajes, que podemos derivar el nombre de “la familia narcisista” para nuestro modelo.

En la leyenda, Eco ha perdido toda la capacidad de formar sus propias palabras y sólo puede repetir lo que pronuncian los demás. Cuando se enamora de Narciso, lo sigue con la esperanza de que algún día el vaya a pronunciar palabras de amor que ella pueda entonces repetirle. Cuando él se dice a sí mismo “te amo” a su propio reflejo, Eco es capaz por fin de decírselo a él también. Pero, Narciso está tan obsesionado consigo mismo, que es incapaz de oírla.


La historia, por supuesto culmina con el fallecimiento de ambos personajes. Narciso muere de pena frente a su reflejo; su amor y su absorción por su reflejo en el agua hacen que termine falleciendo. Eco, incapaz de lograr captar el amor y la atención de Narciso, cae en lo que pareciera ser un estado de depresión vegetativa, faltándole la voluntad de comer y beber, por lo que también muere.

La historia de Narciso y Eco es la historia del amor propio y descarta la capacidad para ver, escuchar y reaccionar a las necesidades de los demás. Sin extendernos demasiado demuestra una alegoría impresionante de las relaciones interactivas de una familia narcisista.

Narciso represente al sistema parental, el cual, por cualquier razón (stress laboral, alcoholismo, abuso de drogas, enfermedad mental, discapacidad física, falta de capacidad simplemente para ser padres), se ocupa principalmente de satisfacer sus propias necesidades. Eco es el niño tratando de ganar la atención y la aprobación, convirtiéndose en un reflejo reactivo de las necesidades de sus padres, por lo tanto, sin desarrollar nunca su capacidad para encontrar su propia “voz” – es decir, para reconocer sus propios deseos y necesidades, y para desarrollar estrategias para satisfacerlos. Dentro del sistema de la familia narcisista, el locus para satisfacer necesidades emocionales está invertido: mientras que, en una familia saludable, los padres intentan proveer de todo para satisfacer las necesidades emocionales de los niños; en una familia narcisista, se convierte en la responsabilidad de los niños el satisfacer las necesidades emocionales de los padres.



El Modelo Parental Invertido

Cuando el niño crece, la identidad de los padres se involucra cada vez más con el desarrollo del pequeño. Simultáneamente, a medida que las necesidades del niño se vuelven más complejas y mejor articuladas, tal vez comience a infringir más visiblemente el sistema parental. Un niño irritante que reclama atención en un momento inoportuno puede, después de todo, ser colocado en su cuna a puerta cerrada. Un niño iracundo y lloroso de nueve años es algo totalmente diferente.

Es a medida que se imponen las necesidades psicológicas del niño en la vida de la familia, cuando verdaderamente se desarrolla la familia narcisista. El sistema parental es incapaz de adaptarse para cubrir las necesidades del niño, y el niño, para poder sobrevivir, debe ser quien se adapte. El proceso de inversión comienza: la responsabilidad de cubrir las necesidades gradualmente cambia de los padres al niño. Mientras que en la infancia los padres fueron los que cubrieron las necesidades del niño, ahora el niño es quien intenta más y más cubrir las necesidades del los padres, ya que de esta manera puede obtener atención, aceptación y aprobación.

En la infancia, el desarrollo normal del bebé es a menudo gratificante para los padres, por lo que a su vez gratifican al bebé. Por ejemplo, las sonrisas del bebé (¡con o sin gases!) representan habitualmente una fuente de placer para los padres y son recibidas con excitación, atención y cariño. El comer, gatear, moverse, hacer ruidos e intentar vocalizar son gratificantes y gratificados a cambio. Las necesidades de los padres y del niño están en sintonía; por tanto, no hay problema.

El desarrollo normal del pequeño, sin embargo, tal vez represente una amenaza para los padres. La exploración del niño requiere vigilancia y paciencia; sus gritos de “¡No!” y “¡Mío!” pueden ser exasperantes y desconcertantes. Las preguntas y llamadas de atención de un preescolar son invasivas y consumen tiempo. Más aún, las necesidades de los niños – especialmente las emocionales – se incrementan en la misma proporción que su docilidad disminuye. Conforme va desarrollándose un niño normal, la necesidad de complacerse a si y a sus amigos se incrementa mientras que la necesidad de complacer a sus padres disminuye.

Una familia sana no cambiaría el concepto básico de responsabilidad parental, por mucho que este hecho natural moleste; la tarea de los padres es satisfacer las necesidades del crío, no al revés. En una familia narcisista, por el contrario, al incrementarse la necesidad de diferenciación y satisfacción de necesidades emocionales del pequeño como consecuencia de un desarrollo normal, la creencia parental es que el pequeño está obstaculizándolos, volviéndose más egoísta y demás. Los padres, sintiéndose amenazados, se reafirman en su posición esperando que un niño más árido cubra mejor sus necesidades. En algún punto entre la infancia y la adolescencia, los padres pierden el enfoque (si es que alguna vez lo tuvieron) y dejan de ver al niño como un ser independiente, con sentimientos y necesidades que cubrir y validar.

En su lugar, el niño se vuelve una extensión de los padres. El crecimiento emocional normal es visto como egoísta o deficiente, y esto es lo que los padres reflejan al hijo. Para que el niño logre aprobación, necesita satisfacer la necesidad expresada o sugerida de los padres; la aprobación está condicionada por la satisfacción de las necesidades del sistema parental por el niño.

Fuente: http://apoyosicologico.blogspot.mx/2011/01/el-modelo-de-la-familia-narcisista.html

Familias Tóxicas...




"Por encima de todo: Honrarás a tu madre y a tu madre”

Una de las cosas más difíciles en Psicoterapia es integrar todo el dolor que nuestros propios familiares nos propician, sobre todo cuando somos niños.

Los aspectos culposos y vergonzosos del ser humano se gestan dentro del núcleo familiar, para un niño victima de maltrato o de abusos por parte de sus familiares esto es un drama que se articula en multitud de conflictos, por lado la impotencia para poder defenderse y por el otro esa necesidad de amor que no puede ser cubierta por las figuras más importantes para el infante, su padre, su madre y a veces los hermanos.

El gran dilema que esta situación genera es la cantidad de rabia y resentimiento que se anidan en la psique del niño, estando éste obligado a querer a su padres y familiares mal tratadores a pesar del los abusos o malos tratos.

Frases como “la familia solo hay una”, “como la familia no hay nada” nos llevan a creer erróneamente que debemos amar a nuestros verdugos.
Pero ¿cómo puede una niña amar a su padre si este abuso sexualmente de ella o le propinó sendas palizas?.

La idea de la familia perfecta es solo una quimera.
Socialmente somos educados a honrar a nuestros padres, a quererlos pese a todo, pero 
¿Quién defiende la dignidad del niño?
Crecer en un ambiente familiar violento, disfuncional se paga muy caro, pues en la edad adulta ese aspecto de la psique, el Arquetipo de niño-niña herido nos acompaña a lo largo de nuestra vida. Cuando este arquetipo está activo el adulto reacciona emocionalmente al igual que un niño, conectando con ese desamparo y abandono que sufrió en su más tierna infancia.

El arquetipo del niño-a herido está presente en muchos adultos que de forma inconsciente arrastran este dolor a sus espaldas. La falta de amor, de reconocimiento que vive el niño se quedo grabado en su psique y solo con un proceso terapéutico continuado puede ser integrada esta terrible herida en la psique.

El estigma de este arquetipo es el miedo, la inseguridad, el sentimiento de abandono, la falta de autoestima. La manifestación de este arquetipo se articula en enfermedades relacionadas con el aparato digestivo, bucales (dientes), adicciones, bulimia-anorexia, depresión, ansiedad…así como en relaciones basadas en la dependencia afectiva.

El arquetipo del niño-niña herido sería la punta del iceberg, pues si analizamos al clan familiar, a la estructura que conforma la historia de nuestros ancestros podemos vislumbrar que el dolor no es un acto casual, sino que por el contrario forma parte de nuestra novela familiar nos guste o no.

Inconsciente Familiar.
Para poder comprender e integrar la realidad familiar dolorosa hemos de ampliar nuestro campo de visión. Pues somos el eslabón de una cadena, formamos parte de un clan en donde el dolor es como un testigo que pasa inexorablemente de generación en generación. 

Desde el punto de vista del transgeneracional (inconsciente familiar) como integrantes de un clan heredamos aspecto físico, carácter, y también heredamos los conflictos no resueltos de nuestros antepasados, somos víctimas de víctimas.

Ancelin Schützenber psicoanalista, analista de grupo – una de las primeras terapeutas que utilizó el psicodrama de Moreno en Francia – y profesora emérita de psicología en la universidad de Niza, en su libro ¡Ay mis ancestros! Pone de manifiesto el modo en que heredamos los conflictos, los traumas no sanados de nuestros ancestros. 
“Somos menos libres de lo que creemos, dice Anne Ancelin, pero tenemos la posibilidad de conquistar nuestra libertad y de salir del destino repetitivo de nuestra historia si comprendemos los complejos vínculos que se han tejido en nuestra familia”. 
Así repetir los mismos hechos, fechas o edades que han conformado el drama familiar de nuestros ancestros es para nosotros una manera de honrarlos y de serles leales.

Cuando vivimos situaciones traumáticas dentro de la familia en muchas ocasiones son los hilos invisibles de lo “inconsciente” se ponen de manifiesto dentro del clan, no son hechos “sueltos” inconexos sino que por el contrario están conectados a la historia familiar. 

Un niño maltratado no emerge de la nada, en la mayoría de los casos sus propios padres han sufrido los mismos abusos y situaciones dolorosas por parte de sus propios padres por ejemplo.

En psicoterapia es muy común encontrar a personas que sufren las consecuencias de ambientes familiares disfuncionales con una gran carga de dolor y de trauma psíquico. 

Es un error común en muchos enfoques terapéuticos llevar al paciente a "perdonar”, acto muy noble por supuesto, pero que de poco sirve. Enfocar el conflicto desde ese prisma sin haber liberado antes el dolor y el resentimiento, sin haber comprendido todo el cuadro familiar de donde provenimos es un acto yermo desde el punto de vista terapéutico.

Anne Miller en su obra “El cuerpo no miente” manifiesta de qué forma esta doble moral “amaras a tu madre y a tu padre” crea en la persona una doble confusión de la que le es difícil escapar. 

Ser “buenos” por encima de todo, tragar cualquier tipo de humillación proveniente de nuestros padres y familiares es visto como un acto estoico, pero no nos confundamos, el sacrificio y la humillación por la que hemos de pasar no nos lleva a sanar sino todo lo contrario. Aceptar la propia verdad dolorosa dentro del sistema familiar duele, pero peor aun es negarla, pues todo lo que se reprime se imprime en el inconsciente y si de familias hablamos éstas tampoco se escapan del los hilos invisibles de la sombra.

En nuestro clan existe una novela, un drama particular del que todos los integrantes del clan son participes. La sombra en la familia no es plato de gusto para nadie, pero en todas las familias “cuecen habas”.

En fechas significativas como son las “navidades” muchas personas viven el conflicto de tener que reunirse con la “familia toxica” en definitiva con las personas que más les han hecho sufrir en su vida.
En la navidad llega el turrón pero también llega el tiempo de la hipocresía y el silencio contenido, de los no dichos, del juicio, la culpa…, por eso cuando nos acercamos a estas fechas nuestros pulmones se colapsan, no porque “cogemos frío”, sino porque vivimos un ataque frontal en nuestro territorio o porque el ambiente está contaminado con el polvillo de los asuntos no resueltos entre los integrantes de la familia.

La familia perfecta y unida vende, pero por desgracia esto no es la realidad, en los medios de comunicación somos contaminados con estas imágenes de perfección que solo nos llevan a la frustración pues no nos vemos reflejados en ellas, sino todo lo contrario. 

Si estamos inmersos en la dinámica de una “familia tóxica” lo primero que debemos aceptar es que esto es así nos guste o no. Muchas veces es necesario prescribir un alejamiento de nuestra propia familia para poder vivir con un poco de paz, puesto que el foco de conflicto se encuentra en su seno y entrar en contacto con las personas y situaciones conflictivas puede llevarnos a vivenciar una y otra vez las situaciones dolorosas. 

En estos casos el trabajo terapéutico es muy recomendable, pues es en el marco terapéutico donde estos vínculos tóxicos y complejos pueden ser vistos, sentidos o presentidos, ya que fuera del contexto terapéutico son temas de los que no se habla por el gran dolor que acarrean, porque son temas vergonzantes, dolorosos que muchos optan por tapar.

Afortunadamente gracias a los trabajos de investigación de muchos analistas e investigadores de la psique humana podemos hoy en día ajustar estos vínculos y nuestros deseos para que nuestra vida este a la altura de lo que nosotros deseamos, de aquello que profundamente ansiamos y necesitamos (y no lo que se espera de nosotros) para poder SER.

Aceptar la naturaleza dual de la vida es todo un trabajo de transformación que comienza por nosotros y el lugar que ocupamos dentro de nuestras familias.

Nos guste o no la vida duele, la familia duele, pero el sufrimiento, este emerge de la negación y represión del dolor, de ti depende mirar de frente a la vida y dignificarte como persona a solas si es preciso.