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jueves, 29 de enero de 2015

El Ataque de Pánico

Los ataques de pánico son períodos en los que el individuo sufre de una manera súbita un intenso miedo o temor con una duración variable.

Los ataques de pánico y el trastorno de pánico son como una trampa (muy eficaz) en dos ámbitos fundamentales. En primer lugar, la trampa del que sufre una crisis consiste en creer que lo que está viviendo es peligroso (es decir, surgirá un ataque al corazón, un desmayo, se perderá la razón, se perderá el control) cuando realmente un ataque de pánico no presenta ningún peligro en absoluto. En segundo lugar, los afectados caen en la trampa de hacer cualquier cosa que creen que les ayudará a evitar las crisis cuando lo que realmente hacen es empeorar los ataques de pánico. Estas actividades incluyen comportamientos de evitación, tratando de controlar los ataques de pánico, luchando contra ellos, cayendo en supersticiones y rituales para evitar ataques de pánico y conseguir autoprotección. Es decir, lo que se hace para enfrentarse a los ataques de pánico termina por perpetuarlos, en la mayor parte de los casos

Causas

La causa se desconoce, aunque los genes pueden jugar un papel. Si un gemelo idéntico presenta este trastorno, el otro gemelo también presentará la afección en el 40% de las veces. Sin embargo, el trastorno de pánico a menudo ocurre cuando no hay ningún antecedente familiar.

El trastorno de pánico es dos veces más común en las mujeres que en los hombres. Los síntomas por lo general comienzan antes de los 25 años de edad, pero pueden ocurrir hacia los 35 años. Aunque el trastorno de pánico se puede presentar en niños, no suele diagnosticarse hasta que son mayores.

Síntomas

Como seres humanos nos enfrentamos a una amplia gama de emociones con diferentes grados de intensidad. El miedo es una emoción humana básica que ayudó a mantener a los seres humanos con vida a través de las edades.

Tenemos estructuras cerebrales diseñados para percibir las señales de peligro en el medio ambiente, los reflejos que advierten sobre posibles amenazas y para lograr la respuesta de lucha o huida.

Cuando están bajo estrés de su cuerpo va a experimentar cambios como la dilatación de las pupilas y aumento del ritmo cardíaco. El pánico es simplemente una forma extrema de miedo.

En un ataque de pánico hay un despertar repentino fisiológico, una reacción de estrés de todo el cuerpo a un estímulo que podría no estar presente incluso, malestar psicológico y el miedo. Un ataque de pánico se puede confundir con uno cardíaco.

Los ataques de pánico pueden incluir ansiedad respecto a estar en una situación donde un escape pueda ser difícil (como estar en una multitud o viajando en un auto o autobús).

Una persona con trastorno de pánico a menudo vive con miedo de otro ataque y puede sentir temor de estar sola o lejos de la ayuda médica.

Algunos de los síntomas que pueden indicar un ataque de pánico:
Palpitaciones, taquicardia
El exceso de sudoración
Temblores o sacudidas
Dificultad para respirar, sensación de asfixia
Sensación de ahogamiento
Dolor en el pecho
Náuseas, dolor abdominal
Mareos o vértigo
Sentimientos de des –personalización, separación e irrealidad
Miedo de perder el control
Temblor o estremecimiento
El miedo irracional de desmayos o de morir
Los ataques de pánico pueden durar entre 10 y 30 minutos.

Los ataques de pánico pueden cambiar el comportamiento y desempeño en el hogar, el trabajo o la escuela. Las personas con este trastorno a menudo sienten preocupación acerca de los efectos de sus ataques de pánico.

Las personas con trastorno de pánico pueden tener síntomas de:
Alcoholismo
Depresión
Drogadicción

Los ataques de pánico no se pueden predecir. Al menos en las primeras etapas del trastorno, no hay ningún desencadenante que comience el ataque. El recuerdo de un ataque pasado puede provocar ataques de pánico. Las personas que sufren de este trastorno a menudo temen otro ataque y que puede conducir a una discapacidad o limitación de la rutina diaria.  Estos temores pueden llevar a las personas hacia el aislamiento.

Tratamiento

El objetivo de la terapia es ayudarlo a desempeñarse bien durante la vida diaria. Una combinación de terapia cognitiva conductista (TCC) y medicamentos funciona mejor.

Los antidepresivos llamados ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina) son los medicamentos más comúnmente recetados para el trastorno de pánico y abarcan:
Fluoxetina (Prozac)
Sertralina (Zoloft)
Paroxetina (Paxil)
Otros ISRS
Otros medicamentos que se pueden utilizar abarcan:
Otros tipos de antidepresivos, como los inhibidores de la recaptación de la norepinefrina (ISRN).
Anticonvulsivos para casos graves.
Las benzodiazepinas, entre ellas, diazepam (Valium), alprazolam (Xanax), clonazepam (Klonopin) y lorazepam (Ativan) se pueden usar por un corto tiempo.
Los inhibidores de la monoaminoxidasa (IMAO) sólo se emplean cuando los otros fármacos no funcionan, porque pueden tener efectos secundarios serios.

Sus síntomas deben mejorar lentamente durante unas cuantas semanas. Hable con su médico si esto no sucede. No deje de tomar sus medicamentos sin hablar con su médico.

La terapia cognitiva conductual le ayuda a entender sus comportamientos y cómo cambiarlos.

¿Qué hacer?

Entender y controlar puntos de vista distorsionados de estresantes en la vida, como el comportamiento de otras personas o los hechos de la vida.

Reconocer y reemplazar los pensamientos que causan pánico y disminuir la sensación de indefensión.
Manejar el estrés y relajarse cuando se presenten los síntomas.

Imaginar las cosas que causan la ansiedad, comenzando con la menos temida. Practicar en una situación de la vida real para ayudarle a superar sus miedos.

Lo siguiente también puede ayudar a reducir el número o la gravedad de los ataques de pánico:

Comer a horas regulares.
Hacer ejercicio regularmente.
Dormir lo suficiente.
Disminuir o evitar la cafeína, determinados medicamentos para los resfriados y los estimulantes.

Cómo manejar un ataque de pánico:

Los ejercicios de respiración y relajación: Estos se deben hacer sobre una base diaria.  Trate de respirar siempre lenta y profundamente, centrándose en la inhalación y la exhalación.

Ejercicio: Se recomienda ejercicio diario para disminuir los niveles de ansiedad y aumentar la oxigenación en el cuerpo.

Evite los estimulantes en su dieta: cafeína, el alcohol, el chocolate, los medicamentos, y algunas drogas ilegales pueden dar lugar a ataques de pánico, incluso para las personas que utilizan estas sustancias en una base diaria.

Reconocer las señales: Usted puede ser capaz de identificar los factores desencadenantes personales. Si usted piensa que no puede soportar estar en un metro lleno de gente, es probable que no pueda.

Re -estructura sus pensamientos negativos: Trate de racionalizar lo que está sucediendo durante el ataque, tratar de ser positivo, sabe su ir un problema temporal y usted va a estar bien.

Pida ayuda: Busque ayuda profesional. Los amigos pueden ser un posible apoyo, sin embargo especialista en salud son más conscientes de lo que está sucediendo.

Enfrentar los problemas y tratar de hablar de esto con un terapeuta o consejero, existen medicamentos que pueden aliviar los síntomas.

No te avergüences, que no está solo.  Todo el mundo sufre de ansiedad extrema y el miedo de vez en cuando.

Cuándo contactar a un profesional médico
Solicite una cita cuando los ataques de pánico están interfiriendo con su trabajo, las relaciones interpersonales o la autoestima.

Prevención

Si usted tiene ataques de pánico, evite lo siguiente:

El alcohol
Estimulantes como la cafeína y la cocaína
Estas sustancias pueden desencadenar o empeorar los síntomas.

Recomendación 

Afrontar el pánico requiere tiempo y paciencia para redefinir las actitudes frente al miedo extremo para enfrentarse al miedo y no evitarlo. Una de las estrategias que mejor ha funcionado consiste en la aplicación de diez reglas para afrontar una crisis de pánico:

  • Recuerde que lo que siente no es más que la exageración de las reacciones normales al estrés.
  • No es ni dañino ni peligroso, solo desagradable. Nada peor puede pasar.
  • No añada pensamientos alarmantes sobre lo que está pasando y lo que podría ocurrir.
  • Fíjese en lo que le está pasando a su cuerpo ahora, no en lo que usted teme, en su mente, que podría llegar a ocurrir después.
  • Espere y deje que pase el temor. No luche contra él. Acéptelo.
  • Cuando deja de pensar cosas alarmantes, el temor se extingue por sí solo.
  • Recuerde que lo principal es aprender a afrontar el miedo, no a evitarlo. Es una gran oportunidad para progresar.
  • Piense en el progreso que ha hecho hasta ahora, a pesar de las dificultades. Piense en lo satisfecho que estará cuando supere este momento.
  • Cuando empiece a sentirse mejor, mire alrededor y piense lo que puede planear para hacer después.



domingo, 25 de enero de 2015

Modelo de la indefensión aprendida: una teoría sobre la depresión

En los años 70, Martin Seligman desarrolló una teoría en principio ligada a la conducta animal para explicar por qué tras someter a un animal a una serie de descargas eléctricas sin que el animal pudiera escapar de ellas hiciera lo que hiciera el animal acababa por no presentar conductas evasivas aun cuando se le dejase la puerta de la jaula abierta. El modelo que formuló Seligman se denominó de indefensión aprendida y poco después se reveló útil para explicar la conducta de los humanos que por una serie de circunstancias aprenden a ser indefensos y a no luchar contra la amenaza o el castigo.

El problema de fondo era la ausencia de contingencias entre el castigo y las posibles conductas de evasión cuyas consecuencias eran nulas o inútiles. El resultado era siempre negativo y esto conducía al animal o a la persona a la inacción y, en los humanos, a la depresión.

Contingencia se refiere al nivel de relación entre dos sucesos. Pueden establecer una relación de controlabilidad o incontrolabilidad en función de la voluntad del sujeto.

A este modelo se le sumaron en los ’80 las teorías de la atribución según las cuales las personas tenemos un modelo atribucional según el cual evaluamos la indefensión de manera más o menos severa e inescapable. Todo depende de cómo el sujeto evalúe las causas de la ausencia de la contingencia.

Éstos pueden ser atribuibles a factores inamovibles o de carácter general o atribuibles a causas variables y de corte más específico.Una ejemplo de atribución estable es más difícil de sobrevellevar: “Ah, todo ha sido culpa mía, soy un tonto, nunca voy a poder avanzar.”

El modelo de indefensión aprendida se refiere a tres tipos de déficits:
1. el motivacional
2. el cognitivo
3. el emocional

A nivel motivacional lo que se observa es un decaimiento en la acción de escape y lucha si las consecuencias de luchar no impiden la amenaza.
A nivel cognitivo, es difícil desaprender la conducta de pasividad una vez se ha aprendido a seguir impasible.
A nivel emocional conduce a un estado de ansiedad y miedo que desemboca en una depresión.

El shock recibido reduce la agresividad y la competitividad de las personas. El sujeto queda condicionado a altos niveles de temor a toda clase de estímulos neutrales. Se produce un aumento del estrés así como alteraciones a nivel neuropsicológico en los niveles de cortisol y de ciertos neurotransmisores. Aumenta la posibilidad de contraer cáncer.

La única manera de anular el efecto de la indefensión es mostrarle al sujeto previamente que sí hay conductas exitosas de escape. Es una manera de inmunizar contra la indefensión. Tener en el bagaje conciente o incociente una treta de controlabilidad permite escapar airoso y no permanecer inerme.
El valor de esta teoría puede encontrarse en su relación con la depresión abarcando “síntomas, etiología, terapia y prevención.”

En el depresivo disminuyen las acciones voluntarias y hay retraso psicomotor, lentitud mental, pasividad y demás. En la depresión extrema se da el estupor. Hay además una predisposición cognitiva negativa: éxito o fracaso no dependen de su voluntad y son incontrolables y estables. El status de dominancia o la capacidad de agredir a los demás como defensa, se reduce. “Este síntoma es tan notable que Freud y sus seguidores hicieron de él la base de la teoría psicoanalítica de la depresión: cuando se pierde el objeto amoroso el depresivo se encoleriza y dirige la cólera hacia sí mismo. Esta hostilidad ‘introyectada’ produce depresión, odio hacia sí mismo, deseos de suicidio, y el síntoma más característico de ausencia de hostilidad hacia el exterior.” Asimismo se produce una falta de apetito y de la libidio y cambios fisiológicos y neurofisiológicos parecidos. “Parece ser que la administración de fisiostigmina (droga que activa el sistema colinérgico) en sujetos normales desencadena a los pocos minutos un estado depresivo con sentimientos de indefensión, deseos de suicidio y odio hacia sí mismo. Cuando a estas personas se les administra atropina (droga que bloquea la actividad colinérgica) los síntomas desaparecen y los sujetos vuelven a su estado normal.”

Las similitudes etiológicas son obvias y en cuanto a la terapia, según Beck, el mayor cambio se da cuando la persona llega realmente a creer que sus acciones pueden ser fuente de transformación de las circunstancias aversivas y recupere la confianza en sí mismo. Es probable que aquellos que no pueden cambiar su estilo atribucional hayan tenido una experiencia de vida muy negativa en cuanto a las posibilidades de cambio. Aquellas que no responden positivamente seguramente se vieron envueltas en situaciones en las que su conducta no producía respuestas contingentes con sus actos con la consiguiente carga de sufrimiento, la baja autoestima, la generalidad y cronicidad de la depresión.


Fuente:http://desesperada.org/modelo-de-la-indefension-aprendida-una-teoria-sobre-la-depresion

miércoles, 21 de enero de 2015

11 frases que no ayudan una persona con depresión

La depresión es una enfermedad muy frecuente en todo el mundo, calculando que afecta alrededor de unos 350 millones de personas. La depresión es distinta de las variaciones habituales del estado de ánimo y de las respuestas emocionales breves a los problemas de la vida cotidiana.

Puede llegar a convertirse en un problema serio de salud, sobre todo cuando es de larga duración e intensidad leve a grave, pudiendo causar gran sufrimiento y alterar las actividades normales de nuestra vida cotidiana como las laborales, escolares y familiares.

En el peor de los casos puede llevarnos al suicidio, siendo la causa de aproximadamente 1 millón de muertes anuales. Por ello, y tomándonos gran responsabilidad, os facilito las 11 frases que no debemos decirle a una persona que padece depresión:

1. “Te sentirás mejor mañana”. La depresión no se supera de un día para otro. Crear falsas expectativas e incluso la responsabilidad de superarla tan fácilmente crea en la persona una presión que agrava los síntomas. “Vive cada día, yo voy a estar junto a ti” podría ser la frase acertada.

2. “La vida no es justa”. Diciendo esto quitamos peso e importancia a los sentimientos y emociones de la persona depresiva, no ayudándola. Lo más adecuado dado el caso seria “siento mucho lo que te está pasando, pero podemos y vamos a salir adelante”.

3. “Otras personas lo tienen mucho peor que tu”. Ser conscientes que otros tienen problemas no hace que desaparezcan los tuyos. Podríamos aportar empatía diciendo “ lamento que estés sufriendo, ¿Cómo puedo ayudarte?”.

4. “Sé cómo te sientes, yo estuve deprimido una vez”. Compartir este tipo de información emocional podría restar importancia a los sentimientos de la persona afectada y a su proceso de lucha. Empatizar y compartir la intención de entender es lo mejor.

5. “Sal de fiesta y diviértete”. La depresión no es solo un mal día ni se quita saliendo de fiesta. Pero es cierto que salir a “tomar el aire” reduce el estrés y la presión. Proponer un café de forma tranquila podría ser una alternativa.

6. “¿Por qué estás deprimido si tu vida es perfecta?”. La depresión no va ligada a un evento traumático o triste. Simplemente puede ocurrir sin más. Por ello es importante hacer ver a la persona que no infravaloramos sus emociones y estamos ahí por si nos necesita.

7. “Solo tienes que salir de casa”. Como en el punto nº5, salir de casa incluso puede ser contraproducente cuando nos encontramos deprimidos. Lo aconsejable podría ser invitar a la persona a ser consciente que no es necesario que viva el proceso solo, que también puede compartirlo y ser ayudado.

8. “Eres fuerte, estarás bien”. La depresión nos lleva a sentirnos indefensos y débiles a cualquier ser humano. Hacer ver a la persona que creemos en ella y nuestro apoyo en cada paso que dé es esencial.

9. “Deja de sentir pena por ti mismo”. Luchar contra la depresión no es sinónimo de darnos lastima a nosotros mismos cuando nos encontramos “ahí”. Dar alternativas y posibilidades para echar una mano siempre es agradecido.

10. “Me estas arrastrando contigo”. Una persona con depresión se encuentra luchando para ayudarse a sí mismo. Evidentemente, si necesitan estar centrados en ellos mismos para superar emociones muy intensas negativas es lógico que no presten atención a los sentimientos ajenos. La pregunta “¿Qué puedo hacer para ayudarte?” es una de las mejores alternativas en estos casos.

11. “Estás siendo egoísta”. Seguimos siendo conscientes que la depresión no es una opción. Si decimos una frase así, probablemente esté hablando nuestro ego. Dejémoslo aparcado por unos días y expresemos el verdadero sentimiento de “realmente te echo de menos, ¿Qué puedo hacer para ayudar?”.

¿Qué podemos hacer entonces?
Siempre es genial tener cuantas más herramientas mejor, y más en casos de tanta importancia y necesidad de superación como estos. Por ello, también os hablaré en este artículo de que cosas sí animar o decir si nos encontramos con una persona con depresión:
-Manifestarle el hecho de que no esté encontrando la solución o una salida a esa situación desagradable, no quiere decir que no exista. Únicamente quiere decir que todavía no la ha encontrado.
-Animarle a hacerle ver que su vida no va a ser siempre igual, tanto positivamente como negativamente. La vida es un continuo cambio. Nada es para siempre, ni lo bueno ni lo malo. Es muy saludable pensar ambos que en el futuro todo puede ser diferente a mejor.
Con todo lo anterior, siempre es fundamental ser responsables y ponernos en manos de un profesional adecuado para estos casos. El amor y cariño es una herramienta esencial en todo el proceso, destacando el acto de empatizar y dejar también un espacio sano de trabajo personal para la persona con depresión.


Qué es la disonancia cognitiva?

Qué es la disonancia cognitiva?

La disonancia cognitiva es un estado de tensión y ansiedad que se produce cuando alguna decisión, una creencia o un comportamiento propio es incorrecto y se contradice con alguna otra creencia al respecto.

La teoría de la disonancia cognitiva de León Festinger dice que las personas nos sentimos incómodas cuando tenemos que sostener simultáneamente creencias contradictorias o cuando nuestras creencias no están en armonía con lo que hacemos.

Cuando nos damos cuenta de tal incomodidad o tensión, las personas tendemos inconscientemente a recuperar el equilibrio para reducir la disonancia. Y para reducirla, podemos comportarnos o argumentar a favor de la decisión tomada, para darnos tranquilidad y convencernos del por qué de esas decisiones, dado que deseamos bajar el nivel de ansiedad que nos produce tal disonancia.

Por ejemplo: un soldado debe ir a la guerra pero por sus creencias morales y/o religiosas sabe que no es correcto matar a otro ser humano. Si ha tenido que matar a alguien, esa contradicción le produce un elevado nivel de tensión y malestar, por lo que puede acudir a argumentar “el objetivo es defender a la patria”, con lo cual reduce el conflicto, la contradicción, al menos temporalmente.

Otro ejemplo: cuando nos vamos a comprar un par de zapatos. Nos gusta un par, pero al ver el precio desistimos, no está dentro de nuestro presupuesto gastar tanto en un par de zapatos cuando tenemos otras prioridades más básicas. El vendedor nos dice que “alguna vez hay que darse ciertos gustos, sobre todo cuando no solemos hacerlo con frecuencia” y ese argumento resuelve el conflicto interno, resuelve la contradicción, la disonancia, porque nos quedamos con ese argumento.

Otro caso típico es el del tabaquismo. El fumador sabe que le hace daño, que aumenta las probabilidades de contraer cáncer, entre otros inconvenientes. La publicidad y las campañas que prohíben  fumar en lugares públicos aumentan la tensión interna y la contradicción: se sabe que deberíamos dejar pero no podemos o no queremos.

Para reducir la contradicción, se puede tender a tomar algún argumento que resuelva el conflicto interno :“de algo hay que morir”, “el médico me dijo que mis pulmones están impecables”, “yo lo controlo”, etc., y por un corto tiempo la tensión se reduce.

En este caso, la disonancia realmente se resuelve cuando se adopta una conducta que elimina la contradicción en forma más permanente: se abandona la adicción. El deseo de eliminar la contradicción se vuelve más fuerte que el deseo de fumar, sobre todo habiéndose dado cuenta que los argumentos no reducen el conflicto, y que vuelve a aparecer al encender cada cigarrillo.

Hubo una campaña publicitaria de los cigarrillos rubios Nobel que ganó un premio EFI en 2003. La famosa campaña se llamaba “Disfruta tus contradicciones” y posiblemente con intención, reforzaba la tolerancia a la disonancia cognitiva con mensajes tales como: “A veces lo más inteligente es hacerse el tonto”, “estar serio me hace reír”, “a veces ser feliz me hace llorar”, “a veces tengo que perderme para encontrarme” y “por qué digo que no me gusta si me encanta”, etc.  Estos mensajes incitaban a la aceptación de la contradicción, de la paradoja, de la irracionalidad por encima de un razonamiento sensato (hacer algo –fumar- que mata).


Disonancia cognitiva puede producirse también cuando algún otro comportamiento de otra índole contradice alguna creencia. Por ejemplo si una persona discute con su hermano y la creencia transmitida a través de la familia es que con los hermanos nunca hay que discutir porque “dentro de la familia no se discute”. El sentimiento que le produce la discusión es contradictorio con la creencia aprendida. Para resolver la tensión tal vez la persona resigne su punto de vista y le pida disculpas a su hermano. O tal vez se atreva a poner en duda la creencia y la recree o remodele. “Siempre hay una primera vez”.

La teoría de la disonancia cognitiva se reconoce en el ámbito terapéutico, que muchas veces se provoca intencionalmente para que la persona abandone una creencia muy limitante o estricta y pueda ver otra perspectiva más amplia,

También se la utiliza  en el del marketing y las ventas, la propaganda y la publicidad. Se tiende a que la persona no perciba disonancia, dado que eso podría afectar la toma de decisiones. Y si pudiera producir disonancia (por ejemplo la oferta de un producto de altas calorías), ofrece a cambio otro valor que le sirva a la persona como argumento que reduzca la contradicción, al menos por un rato (por ejemplo, rostros felices).

Es importante saber que ciertos pensamientos, emociones o conductas pueden entrar en contradicción en nuestra psiquis y eso es frecuente y normal. También es bueno saber que tenderemos a reducir la tensión de alguna manera. En esa reducción es bueno saber que muchas veces nos tomamos de argumentos irracionales, usamos mecanismos de negación buscando alivios temporarios de la tensión pero no soluciones al problema. O por el contrario, podemos detenernos a buscar la mejor y más duradera opción, la que más nos beneficie en el tiempo, aunque sea la que nos implique un esfuerzo algo mayor.
Depende de nosotros, como todo, pero siempre es bueno estar informado.